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05.09.2018 Críticas  
“Un millón es un millón”

El amor y el dinero, los ganadores y los perdedores, las ideologías y la dura realidad se dan cita en un loft entre vino y caviar de beluga. Nos adentramos en el Teatro Cofidis Alcázar de Madrid para disfrutar de la comedia El Test; una obra eternamente recomendable.

La pregunta más repetida a las puertas del Teatro Cofidis Alcázar debe ser “Y tú, ¿qué harías?”. La premisa de El Test es muy simple: dos parejas (Luis Merlo, Maru Valdivielso, Antonio Molero y Marina San José) se hacen una pregunta hipotética durante una cena de amigos, 100.000 euros ahora o un millón en un año.

Esta (tragi)comedia estrenada el 24 de febrero de 2016 en la Sala Muntaner de Barcelona con éxito de crítica y público, firmada por Jordi Vallejo y dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer se encuentra en su tercera temporada por muchas buenas razones, entre ellas la intensa reflexión a la que llama al público, que no puede evitar simpatizar con unos personajes plenos de carencias y contradicciones, pero eléctricamente en sintonía los unos con los otros.

Sin pretensiones más allá de ofrecer buenos ratos y entretenimiento, el primer acto comienza con la pregunta. Toni (Luis Merlo) convierte la versión adulta del test de la golosina en una cuestión existencial para el matrimonio formado por Héctor (Antonio Molero) y Paula (Maru Valdivieso), quienes atraviesan problemas económicos, al hacer de la hipótesis realidad. Héctor es dueño de un bar en ruinas que haría lo que fuera por sacarlo adelante, mientras que Paula dirige una ONG con unos principios inamovibles… aunque un millón es un millón.

La situación se intensifica con la llegada de Berta (Marina San José), novia de Toni y psicóloga de éxito que es, además, la autora de la famosa pregunta. El psicoanálisis (y la arrogancia) de la doctora revela secretos del pasado de nuestros protagonistas que abren una caja de Pandora aún más profunda y sacan lo peor de todos los presentes.

En todo este entramado, las reacciones sinceras de los actores y sus pequeños guiños a los espectadores nos pegan al asiento y hacen que una situación incómoda presente una historia de veinte años y un dilema entre el amor y el dinero. Discusiones que podrían fácilmente sucederse en nuestra casa se tiñen de un aire casi filosófico (todos tenemos un precio, ¿o no?) sin caer en ningún momento en la pomposidad o intelectualidad tan común en el teatro.

El Test es una obra eternamente recomendable, la risa y el buen humor llenaban la sala mientras las rapidísimas situaciones se sucedían en el escenario enredando el futuro de nuestros cuatro amigos para siempre.

Crítica realizada por Ariadna Ortega

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