novedades
 SEARCH   
 
 

30.07.2018 Críticas  
Sexo, amor y olimpiadas

Cinco historias en el contexto de la Barcelona olímpica de 1992 le sirven a la joven productora Malaeva para construir una reflexión sobre el pecado y las relaciones con marcado gusto plástico. Barcelona ‘92 es ingenio y acertada puesta en escena. Poco le falta para ser redonda a esta obra que se puede ver en los Teatros Luchana de Madrid del 17 de agosto al 28 de septiembre.

Emmanuel Medina firma autoría y dirección de esta propuesta gamberra que igual se puede definir como comedia dramática que como tragedia con punto irónico. Siete personajes se solapan en un mismo espacio escénico: el típico taxista garrulo (con algo que esconder), una pareja que se encuentra mensualmente en un vis a vis carcelario, una divorciada con carácter en busca de sexo, un yonqui medio sordo adicto al chocolate de su tía y una guiri rubia con un enamorado que la persigue. Todas son historias entrecruzadas que conviven en escena cediéndose el primer plano consecutivamente. Ese es gran logro de Medina, crear un movimiento escénico que dinamiza y ahonda en la reflexión a la vez que ofrece una estética interesante.

Destaca la canción original homónima, Barcelona ’92, compuesta por Juan Debel cuya melancólica e hipnótica producción corre de la mano de Yerai Cortés. La misma baña las transiciones presididas por una cama como centro del espacio escénico. En ella manos, brazos, besos… en definitiva cuerpos desnudos se mezclan y funden aprovechando la bella imagen para dar rienda suelta a un simbolismo libre a las interpretaciones de cada espectador. Muy cómica resulta la forma de representar el contexto de las Olimpiadas del 92 con un personaje corriendo, en último término de un lado a otro de la escena, mientras práctica diferentes deportes. No faltan ni la típica camiseta de Cobi ni el chándal del Barça de la época, ni algunas reconocibles canciones. Tampoco faltan aparentes diálogos sobre resultados deportivos en los que se puede leer entre líneas una crisis de pareja.

Si bien el ritmo es dinámico y el movimiento escénico envidiable el punto débil de la obra reside en una dramaturgia que no acaba de encontrar la manera de hilvanar todo el resultado. Es como si al texto le faltara algo que diera cierta unidad y contundencia. Un elemento que cerrara y concretara la reflexión en alguna línea más clara para que no se quedara en una maraña difusa. Merece la pena comprobar si próximos textos de Emmanuel Medina consiguen terminar de cerrar el círculo en este sentido, de ser así estaríamos ante un nuevo autor más que notable. De momento Medina se descubre como prometedor escritor. Pero, eso sí, en su faceta como director brilla con un saber hacer fresco y a la vez experimentado.

El elenco coral de jóvenes actores (Pablo Álvarez, Alba Gutiérrez, Rocío Suárez, Gustavo Rojo, Luis Miguel Jara, Antonio Araque y Alba Sánchez) se manejan con naturalidad y soltura dando forma y fondo a sus personajes. Cierto es que Pablo Álvarez, Gustavo Rojo y Antonio Araque tienen aún margen para subrayar más los tipos de sus tres personajes respectivamente: el preso, el friki y el yonqui. La elección de no llevarlos al extremo puede responder a una dirección que tiene cuidado de no pasarse de vueltas mientras se centra en aprovechar la posibilidades de una escenografía (con chasis de taxi incluido) e iluminación tan sencillas como efectivas.

Barcelona ’92 es otra prueba de que en el Off Madrid se encuentran grandes ejemplos de creatividad, en este caso, presente hasta en el cartel publicitario de la obra. Atención a la productora Malaeva en el futuro, puede seguir dando mucho de qué hablar.

Crítica realizada por Raquel Loredo

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES