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23.07.2018 Críticas  
Viviendo el circo a varios palmos del suelo

La Seca Espai Brossa presenta estos días el último espectáculo de Circ Pistolet, Quan no tocàvem de peus a terra (cuando no tocábamos con los pies el suelo) un espectáculo circense basado en equilibrios que representa el equilibrio frágil entre dos personas.

De la mano de Tomàs Cardús y Enric Petit, Circ Pistolet nos trae un espectáculo pensado para todos los públicos con la idea de compartir la importancia de la amistad, la naturaleza humana de competir de manera sana y divertida y siempre acompañada de buenas emociones. Un espectáculo autobiográfico sobre la amistad de dos amigos libremente adaptada al circo a través de equilibrios acrobáticos. Un viaje al pasado, a esas tardes de verano, llenas de juegos y buenos momentos, en los que a veces reímos, a veces sudamos pero en los que siempre disfrutamos. Un espectáculo acompañado de emociones genuinas y de complicidad, buscando ese equilibrio entre dos personas muy iguales pero, a la vez, muy diferentes.

Quan no tocàvem de peus a terra tiene la influencia del circo tradicional. El más difícil todavía; el hasta dónde puedo llegar. La evolución de hacer algo difícil, asombrar, y llevarlo al extremo. Así podremos ver una evolución en el arte de estos artistas quienes al principio juegan a lo seguro para pasar a un nivel más avanzado y elevado. Una evolución del arte circense que Circ Pistolet ha sabido llevar increscendo en el espectáculo. En el momento que ves una figura que parece repetirse, instantáneamente cambia para convertirse en algo complejo y difícil. Ese ¡oh! que está esperando salir de tu boca en cualquier momento y que no puedes reprimir tras la inesperada sorpresa.

La puesta en escena de Quan no tocàvem de peus a terra es sencilla y eficaz. No necesitan más que madera (tablones y cilindros de varios tamaños) para hacernos entrar en su juego. Un juego que, en muchas ocasiones, estás tentado a participar. ¿Quién no ha querido rotar sobre un cilindro en el suelo? Mejor flotando sobre el agua, claramente. Nosotros no somos integrantes de Circ Pistolet pero en estos momentos, nos encantaría participar de esta función. Luego todo se complica y te das cuenta que lo tuyo no es el circo.

La idea de Tomàs Cardús y Enric Petit ha sido acercar al público a la infancia. Al juego. Un juego entre amigos (sin edad pre-fijada) en la que nos sentimos muy cercanos e identificados. Quiénes vivimos los años 80, hemos jugado a los equilibrios sobre tablas, a saltar de lado a lado sin tocar el suelo, a correr por la calle o el campo y utilizar la imaginación. Algo que este espectáculo nos recuerda y que disfrutamos nostálgicos.

Como nostálgica es la relación que tienen sus protagonistas. El sentimiento de amistad que se desprende, de juego, ese sentimiento que el público añoramos. Esas tardes perdidas en el parque con tus amigos (esos que ahora no ves por horarios de trabajo y vidas incompatibles). Quizás estos amigos deberían juntarse una noche haciendo un esfuerzo y recordar, gracias a Quan no tocàvem de peus a terra, esos momentos que olvidamos y que necesitamos recordar. La vida no es solo trabajar, lo importante es disfrutar junto a los tuyos. La familia que elegimos, nuestros amigos. Chicos/as, ¿estáis ahí?

Crítica realizada por Norman Marsà

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