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11.07.2018 Críticas  
‘Time of my life’ nunca falla

El Teatro Bellas Artes de Madrid acoge hasta el 29 de julio la nostálgica comedia Mandíbula afilada. A través del texto de Carles Alberola, que mezcla referencias a la cultura pop de los ’80, los ’90 y la actualidad, Noemí Ruiz y Jon Plazaola descubren cuanto se diferencian las fantasías románticas de la cruda realidad.

Los dos actores, conocidos por sus personajes de Trini e Iñaki en la exitosa serie Allí abajo emitida por Antena 3, se ven las caras en el escenario para interpretar a dos treintañeros enamorados desde el instituto. Jon Plazaola es Juan, un soñador aferrado al recuerdo de su juventud (primer personaje al que se enfrenta Plazaola sobre las tablas). Noemí Ruiz es Laura, una mujer que un día escribía en su diario frases bonitas sobre Juan y que ahora está a punto de casarse… con otro. Ambos se citan en la buhardilla de Juan, Laura tiene algo que decirle. Bajo estas premisas se compone una obra dual que tiene como centro al personaje masculino y navega entre lo que él quiere que pase y lo que finalmente va a suceder.

Mandíbula afilada es una comedia generacional ligera que recurre a expresiones y frases ochenteras y noventeras que funcionan como gags sobre al miedo de hacerse mayor. Hasta la mitad de la función no empiezan a cuadrar las piezas. Al principio la mezcla de referencias hace que no se sepa en qué década transcurre la acción. En medio de una escenografía cuidada y efectiva los diálogos absurdos, y especialmente la forma de hablar y de moverse de la actriz Noemí Ruiz, cubren todo de exageración ¿Por qué subrayar tanto histrionismo? Hasta que no llega el giro de libreto no se aprecia el por qué de esta decisión: esa es la Laura pánfila y comprensiva que al personaje de Juan le gustaría recibir esa noche.

Cuando ambos se enfrentan a la situación real la luz se vuelve fría, lo que antes parecía una ventana por la que se veían las estrellas ahora es solo un cuadro pintado de negro y los besos ya no traen consigo ambiente íntimo ni fuegos artificiales. El contraste es claro y muy acertado. Mientras el espectador compara lo que ve con lo sucedido en aquel el primer acto figurado, Noemí Ruiz ya puede desarrollar un personaje más creíble. Mandíbula afilada contiene ese diálogo aparentemente fácil que esconde un reto complejo. La obra precisa de muchos matices para construir comedia al mismo tiempo que se hace entender lo que se está ofreciendo encima del escenario.

Cuesta entrar en la dinámica propuesta al inicio. A veces resulta gratuita y forzada la gran cantidad de frases de cine y bromas introducidas. El movimiento escénico dinamiza el resultado y ambos actores se mueven entre la corrección y la naturalidad relativa. Cierto es que una vez asentados Plazaola y Ruíz la obra empieza a fluir mejor. La misma termina por llevar a su terreno a un público que desconecta de su día a día si se deja hacer. Mandíbula afilada es una obra veraniega y nada pretenciosa que provoca la sonrisa defendiendo que para llevarse a alguien a la cama el ‘Time of my life’ de Dirty Dancing nunca falla.

Crítica realizada por Raquel Loredo

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