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30.05.2018 Críticas  
Las vírgenes suicidas

Uno de los amouse-bouche del Surge 2018 es este debut en la autoría de Julio Rojas que ha contado con la asesoría en la dramaturgia de la fascinante María Velasco, que firmaba el texto de su anterior trabajo, “Escenas de Caza”, a las órdenes de Alberto Velasco. Las dos suicidas más célebres de la literatura popular nos conceden este lisérgico encuentro, en exclusiva, en el limbo.

La Capuleto y la amante del existencialista Hamlet, despiertan en un espacio que no sabrían definir si es el limbo o el purgatorio porque uno de los dos, un señor con sotana ha dicho que no existe. Perdidas en su propio dilema, y en el extraño no mundo que les rodea, las hermanas de pluma reflexionan sobre lo que les hizo asomarse al abismo suicida, y precipitarse sin pensárselo. Entre el diálogo, el monólogo, y una sesión improvisada para todos los medios de prensa impresa más prestigiosos, ambas mujeres relatan en primera persona del femenino, su historia, el detonante de aquello que aconteció y que cambió sus vidas literarias para siempre. Ahora son Julieta & Ofelia las que toman la palabra. Su palabra.

Los Bárbaros han contado con lo mejorcito de la escena actual para producir este aperitivo y deleitar el paladar del público del off (o esto es off-off, chicas?). María Velasco como una presencia omnipresente, Muraday al movimiento, Felype de Lima al vestuario, y una sencilla y efectivísima escenografía y espacio sonoro de Pecado de Hybris, que me llevan a recordar al trabajo de Numen y Silence en todas las producciones del genio Tomaz Pandur, al que Lobato y Rojas dedican el espectáculo.

Conversando con Julio Rojas tras la función, le consulté si era muy descabellado o atrevido haber notado un ambiente “panduresco” en la propuesta, y fue él quien me dio la pista de echar un ojo al programa donde dejan constancia de este homenaje a la memoria de Pandur. El blanco de los cuerpos, lo oscuro de las ropas y la escena, la mágica y certera iluminación hizo que me poseyera la nostalgia de todos aquellos montajes que me hicieron soñar e imbuirme en el mundo teatral en el que me encuentro inmerso (mi particular homenaje lo entregué en forma de reseña hace ya un año aquí)

Si de algo podía acusarse a Tomaz es de artificio y poderío escénico, pese a la vacuidad de sus propuestas; el despliegue y el mimo en la estética y en hacer que la platea entrase en un universo onírico lleno de referencias y postales inolvidables, es la gran baza de este Julieta & Ofelia; suicidas de toda la vida, porque aquí Rojas ha querido darle un buen trasfondo al proyecto. Son curiosas las referencias bibliográficas, base de este trabajo: Liddel, Clarissa Pinkola, Jelinek y Lucía Etxebarría; para poblar este universo de referencias feministas, de dos personajes literarios que han sufrido una victimización en el trato a lo largo de los años y que aquí se nos ofrecen empoderadas, libres, dueñas de sus acciones.

La dirección de Aarón Lobato cuenta con el gran valor de la buena relación que le une a Julio, indispensable para que escenas como la inicial en la que entre silencios y reflexiones varias, fuman, o aquella en la que deciden animarse en una fiesta a fuerza de gin & tonic con un “chorri”. Referencias muy actuales que nos llevan a que la vida de estas jóvenes en el siglo de la Física y las Colonias, no debió de ser muy diferente al de las actuales, mas que por la ausencia en su día de tecnología puntera que, según lo acontecido, no hubiese hecho mas que sobredimensionar sus vidas. Hablo de Julieta & Ofelia como si de personajes reales fuese, porque es tal el influencia en la cultura que ellas han ejercido, que su poder es comparable a la imaginería de Juana de Arco, Frida Kahlo u Audrey Hepburn, todas ellas con una vida tormentosa marcada por los hombres, relaciones tormentosas y trastornos alimenticios.

Lograr que la lectura que Rojas y Lobato hacen de estos dos personajes logre “afectar” a la visión que de ellas teníamos, es un gran logro, ya que el relato crudo de Ofelia de aquello que provocó el rechazo de Hamlet, es una imagen que gravita en mi mente desde el pasado domingo.

Loable y una vez más, reseñable es que Nave 73 vuelva a contar entre sus filas y su programación con un proyecto tan estimulante y con tan cuidad factura como este Julieta & Ofelia; suicidas de toda la vida. El Surge 2018 ya cuenta con un montaje que no puede ni debe caer en el olvido, y al que deseo una existencia post festivalera que me permita volver a disfrutar con esta comedia negra. El tándem Lobato-Rojas es el nuevo Luque-Bezerra: anótenlo en sus agendas.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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