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16.05.2018 Críticas  
Mentiras arriesgadas

La sala Intemperie Teatro sigue jugando fuerte, y esta vez uno de sus componentes, Gorka Lasaosa, a la órdenes de un segundo en discordia, Gerard Iravedra, se acompaña de Thaïs Blume para llevar a escena este thriller de Gustavo Ott, Tu ternura molotov, donde las apariencias engañan y nos plantea que quizás compartimos cama con una gran amenaza.

Este texto ganó el Premio Internacional Ricardo López Aranda, y en él encontramos a un matrimonio compuesto por una presentadora de informativos y un abogado sin escrúpulos, dando el paso de más importante de sus vidas, engendrar un hijo. Un misterioso paquete que llega directamente del pasado se convierte en una caja de Pandora que desata la desconfianza, y la verdadera cara de cada uno de los dos. Si el pasado nos determina o nos define es el juego en que comienzan a retarse durante toda la función.

Thaïs Blume interpreta a la presentadora de TV con un díscolo pasado y peligrosas conexiones en Oriente Medio. Gorka Lasaosa es un marido con mayor determinación en los juzgados que llevando a cabo la tarea de inseminar a su esposa. Gerard Iravedra, una vez más, tras la reciente reposición en la misma sala de Martingala, dirige a este dúo con la naturalidad que continúa siendo su seña de identidad. Toda su dirección de actores destaca por la nada engolada interpretación y por (al menos en apariencia) permitir que los actores sientan como propios sus personajes, y eso se transmita a la platea. Este proceso creativo tan orgánico logra que el espectador no se sienta en una sala de teatro viendo a dos actores soltar un texto (hecho que ocurre cada vez más a menudo) sino que se siente un voyeur mirando por una rendija entreabierta de una ventana.

El texto es difícil y muy dinámico y tanto Blume como Lasaosa van declamando su texto con la fuerza, rapidez y destrucción de un kalashnikov. Los parlamentos se solapan, se atropellan, y no se da tregua a la platea para distraerse, a pesar de la duración excesiva de la función. Si el propio Iravedra me comentaba que el público le reclamaba mayor duración a Martingala (NO), en este caso, un buen tijeretazo contribuiría a que la función calase más y el desconcertante final fuese una bofetada en toda la cara. Tres falsos finales creí presenciar, y todos ellos eran un bis tras otro.

El plot twist que acontece al final, y esos McGuffins durante toda la función, nos sientan ante un gran trabajo de Ott, que termina regodeándose en ese juego de espejos y verdades ocultas que, aunque con un agradecido ritmo muy cinematográfico, se siente como un chicle Boomer.

Esta historia “con mensaje” como mencionan sus protagonistas, tiene una moraleja desoladora, que no es mas que lo que la sociedad actual nos hace ser: ser sin escrúpulos, insensibles y superficiales, con cierto tufillo snob, y falsos, muy falsos. La cultura instagrammer podría ser la moraleja de esta historia porque Instagram Killed the Average Man.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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