novedades
 SEARCH   
 
 

07.05.2018 Críticas  
Un site-specific de altos vuelos poéticos

Hay veces en las que un encuentro lo cambia todo. Si por algo es fructífera la incesante búsqueda del espectador activo es porque en contadas ocasiones, las menos pero las mejores, un artista se cruza en tu camino y te invita a compartir su universo. Mujer Mar es un momento único e imposible de circunscribir a una temporada, instante o género escénico.

No hay etiqueta posible porque nos sitúa en otro nivel de recepción y participación. Mujer Mar es una invitación a despojarse de todo menos de uno mismo e indagar junto a los heterónimos de todos los que participamos de esta marcha evolutiva y podríamos decir que metafísica. Porque en silencio y escuchando también uno se puede convertir en narrador y en protagonista. En uno mismo o en ese otro uno en el que nos transformamos y que asoma mientras compartimos este pequeño gran acontecimiento y que nos acerca mucho más a la idea que tenemos de nuestra propia identidad. Aprehendiendo y empatizando. Significándonos, asimilando y naturalizando el cómo y el qué hasta finalmente encontrarnos sumergidos un porqué maravilloso

Laura Villena tiene mucho que decir. Lo documental también tiene cabida aquí, tanto como el diálogo intercultural entre Oriente y Occidente. Pero de un modo insólito y con matices tan espontáneos y particulares como turbadores e impresionantes. Sonidos de Jerusalén y sonidos de barra de bar tras la que esos camareros con alma de artistas nos aguardan. Nuestra anfitriona demuestra poseer una capacidad de observación privilegiada y una habilidad para transmitirla tan fuera de cualquier órbita preestablecida que su hallazgo resulta un regalo de valor incalculable. No soy consciente de otra combinación como esta en la que la destreza periodística, poética y dramatúrgica se alineen de un modo tan eminentemente artístico y, por supuesto, expresivo.

No se ven las costuras por ningún lado pero, una vez completado el recorrido, podemos afirmar que la condición de itinerante no es ningún capricho. A los asistentes que conformamos este grupo nos sirve para observarnos. Un paseo iniciático en el que el mayor hallazgo será reconocer y asimilar nuestra capacidad de adecuación al grupo y nuestra capacidad para relacionarnos y conocernos en silencio. A la vuelta de cada esquina ya estamos preparados para escuchar más y mejor y listos para entrar en la intimidad de la vivienda. Y aquí es cuando la velada se transforma en poética y en teatro de proximidad. Para los más valientes, los que se atreven a observar de cerca. Un ejercicio antropológico digno de ser estudiado, vivido y celebrado.

Resulta que cuando la artista es Laura Villena el ejercicio no es auto-complaciente sino algo ontológico. Un desnudo del ser y su contenido. Del ser artista y del ser humano. La adecuación de cada estancia a lo que allí se describe se convierte en una escenografía magnífica y muy esclarecedora. Todo encuentra su momento y su lugar. Artes plásticas, y visuales que conviven con las palabras y los silencios. Teatro de objetos (¡y qué objetos!) e instalación. Una experiencia totalmente inmersiva y envolvente para los asistentes. Y una artista que sabe como captar y dirigir nuestra atención con la voz y con la mirada. Sin incomodar pero sí retando a la escucha y a la participación. La forma es perfecta pero es que el contenido no tiene desperdicio. Los poemas mantienen una cadencia y un estilo totalmente arrebatador. Material de altos vuelos en los que Villena parece darse la oportunidad de expresar lo que quizá no pudo en otra ocasión, ¿quién sabe?

La entrega de la artista es absoluta y el resultado supera lo excepcional. Cada palabra, cada pausa, cada silencio y cada respiración. El compromiso con el material que se trae entre manos es evidente. El que mantiene con nosotros hipersensible y de una honestidad desnuda. Hacia sí misma, creemos que todavía más rotundo. Mujer Mar es capaz de dimensionarlo todo de nuevo durante y tras su experiencia. Un espectáculo que se convierte en un modo de entender y de compartir. Su manera de decir se transforma en una elocución que es pura maravilla. Una dicción y articulación que nos mantienen absortos y seducidos. Nunca subyugados porque si bien es cierto que se rompen todas las barreras, también lo es que nuestra voluntad de compartir y absorber lo que vemos, escuchamos y sentimos es tan progresiva como completa. La declamación atemporal y totalmente adecuada a nuestro aquí y ahora es posiblemente uno de los grandes hallazgos de la velada. Uno de tantos. Uno de todos.

Finalmente, nos encontramos ante algo único y muy preciado. Si hay alguien capaz de convertirse en la acepción positiva de lo hipocondríaco, esa es Laura Villena. Y que la poesía tenga un lugar y espacio en el momento actual que viven las artes escénicas deja de ser una utopía para establecerse como una realidad. Una artista capaz de unir todas las piezas y pedacitos con la inestimable colaboración de Marina Garmendia. Un encuentro cuyas resonancias no se apagan y crecen en nuestro interior día tras día. Sin duda, Mujer Mar ha entrado a formar parte de la vida perdurable de todo usuario participativo de las artes escénicas. Salimos cambiados tras esta visita, nuestra manera de escuchar, también a través de la mirada, se ha optimizado de un modo dadivoso y muy útil y provechoso para todos nosotros.

Crítica realizada por Fernando Solla

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES