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10.04.2018 Críticas  
Amor intermitente

Una pareja se ve una vez al año durante 25 años, en el mismo lugar y en las mismas fechas. Un recorrido que pretende apelar a la nostalgia y al humor, pero que no consigue arrancar las risas que promete. El Teatro Marquina acoge la adaptación al español del texto de Bernard Slade, estrenado en 1975 con gran éxito en Broadway.

La acción del texto original se traslada a España, iniciando el periplo en 1975. Encontramos a José y Pilar que despiertan en un hotel después de su primer encuentro. Los dos tienen pareja, pero el flechazo ha sido inevitable. Después de conversar largo y tendido deciden citarse al año siguiente, el mismo fin de semana y en el mismo sitio. Ese ritual se repetirá durante los siguientes 25 años. En sus encuentros se contarán sus inquietudes, sus avatares familiares, sus logros y fracasos, habrá momentos para situaciones divertidas y otras dramáticas. Asistiremos a la transformación de esos dos personajes. Al fin y al cabo el tiempo nos va transformando inevitablemente.

Esta es la premisa de Una vez al año, comedia que protagonizan David Janer y Silvia Marty. ¡Qué difícil es poner en pie una buena comedia! Aquí queda patente que la comedia es uno de los géneros más complicados y en los que las flaquezas se evidencian de manera indiscutible. A pesar de que la idea del texto original da para situaciones que pueden despertar sonrisas, toda la adaptación al castellano está en un texto insulso, carente de gracia por completo. No ayuda que los actores tampoco son los idóneos. Un lenguaje corporal tan impostado jamás puede estar al servicio de una comedia. Menos ayuda esa música que pretende acentuar los momentos pseudo dramáticos. Las transiciones musicales y proyecciones que reflejan el paso de los años, con imágenes y sonidos de diferentes épocas son un recurso adecuado, pero que usado hasta la saciedad consigue aburrir al respetable. La caracterización de los personajes es digna de un estudio.

Es cierto que en el texto y el montaje subyace una trama sobre la transformación de la mujer que toma las riendas de su vida, frente al hombre que en un principio era el triunfador para ser luego el conformista. Cierto que hay alguna reflexión sobre esos trenes que se deben coger sí o sí, a riesgo de que nunca más vuelvan a pasar. Hay moraleja sobre la aceptación de las decisiones que tomamos y las consecuencias de ellas. Pero de ahí a ser una comedia de altos vuelos hay un abismo insalvable. Por lo menos en la versión en español, de la que desconocemos tanto el autor como el director, pues el programa ni los menciona.

Cierto que vi la función en su segunda representación y quizá con el paso de las funciones la pareja consiga desprender esa química que debería incitarnos a ese viaje vital de veinticinco años. De momento Una vez al año se queda en un intento extraño de comedia dramática que se alarga innecesariamente.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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