novedades
 SEARCH   
 
 

28.03.2018 Críticas  
SUGAR arrasa en su nuevo hogar

Sugar vuelve por todo lo alto. Esta vez a un Teatre Coliseum que mantiene el formato cabaret y convierte la platea en un club de jazz del Chicago de los años 20 del siglo pasado. No nos atreveremos a decir que a la 4ª va la vencida porque nos encontramos ante un espectáculo que se está convirtiendo en un fenómeno imparable y quién sabe cuántas sorpresas más nos depara.

Hace unos meses hablábamos de caso insólito. No se trata ya del aforo de los teatros que acogen este montaje, sino de su magnífica adecuación al lugar donde se representa en cada momento. Tras su paso por el Teatre Tívoli afirmábamos que el musical vestía de largo sin adulterar su esencia. En su nuevo hogar, parece encontrar su mejor puesta y confirma cómo el buen trabajo de todos los implicados sigue entroncando con las preferencias del público. Puliéndolo, acercándolo, desarrollándolo y nunca asfixiándolo.

Esta vez hay una fuerte apuesta por potenciar las posibilidades de negocio que tanto el recinto como el contexto del musical ofrecen. En ocasiones nos cuesta defender la visión comercial más allá de las virtudes artísticas y esto es un error. No se trata de vender humo sino de ser ambiciosos y coherentes. Pero aquí se tiene la certeza de que el material que se está trabajando funciona y la alianza con el promotor Cutty Sark firma un pacto que les beneficia a los dos. Hay que destacar el trabajo de la organización, ya que durante la representación se podrán pedir consumiciones (no olvidemos que nos encontramos en un local de jazz) sin que se interrumpa ni altere el ritmo de la función.

La disposición escénica es perfecta. Gran formato y cercanía hacia el público. La escenografía a doble nivel de Pau Doz encaja a las mil maravillas. El escenario bajo resulta un gran acierto para crear el ambiente adecuado y tanto las dimensiones como la proximidad con el público hacen que podamos disfrutar de las coreografías en todo su esplendor. Muy bien gestionada las ruptura de la cuarta pared. Sin abusar pero permitiendo que la experiencia sea inmersiva en su justa medida. El diseño de iluminación de Jordi Thomàs encuentra aquí unas dimensiones óptimas y lo mismo sucede con la afinación del sonido de Enric Vinyeta y el trabajo con los micrófonos de Marcel Ferrer. Nos solemos olvidar de mencionar a las secciones más técnicas y aquí será injusto puesto que su labor es muy significativa.

No queremos reiterar gratuitamente en lo que ya explicamos en nuestra anterior crítica de Sugar, especialmente en cuanto a los créditos del material de partida. Lo que sí que hay que destacar de nuevo es la energía de todo el elenco. Nos encontramos con un trío protagonista que sigue dando en el clavo con sus interpretaciones. Xavi Duch y Rubén Yuste disfrutan y nos hacen disfrutar de su trabajo. Y Bealia Guerra es la mejor cabeza de cartel imaginable. Sigue admirándonos su sutileza y picardía para el texto y las canciones y su finura y excelencia al ejecutar las coreografías.

Sugar es un musical que ha ido creciendo. Un claro ejemplo de que los circuitos y periodos de exhibición de un espectáculo no deben plantearse como un rompecabezas en mitad de la programación de una temporada o teatro. Una apuesta muy fuerte que ve recompensado el esfuerzo. De nuevo, mención especial para una Bealia Guerra pletórica y de la que es imposible apartar la mirada mientras aparece en escena. De algún modo, jugamos con la ilusión de que todos los recintos donde se ha representado el musical han sido los locales donde la banda de las Sincopadas ha actuado ¡Y qué placer ser testigos de la evolución!

Por último, una certeza nos invade al abandonar nuestra mesa del Club 23, y es que tenemos Sugar para rato. ¡Y que dure!

Crítica realizada por Fernando Solla

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES