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16.03.2018 Ópera  
Vibrante y sentido segundo estreno

El Gran Teatre del Liceu acoge el que muy probablemente sea el título más exitoso de la temporada. Andrea Chénier destaca por su puesta en escena especialmente cuidada, su dirección musical milimétrica y equilibrada y unos intérpretes (tanto principales y secundarios) que aprovechan todas las posibilidades líricas y dramáticas de sus personajes.

David McVicar opta por una dirección escénica que evidencia el verismo y la fuerza tanto de la partitura de Umberto Giordano como del libreto de Luigi Illica. Ha querido imprimir esa continuidad por la que se caracteriza esta escuela y para ello se ha apoyado especialmente en la escenografía de Robert Jones. Hay una ubicación muy concreta para cada uno de los cuatro actos que, sin embargo, mantiene elementos arquitectónicos entre un cuadro y el siguiente. Un trabajo muy profundo y alineado tanto con la partitura como con el texto y que sitúa muy bien lo que sucede en el interior y en el exterior. De este modo, la relación amorosa de la pareja protagonista tiene su espacio en el contexto revolucionario de “la Terreur”. A destacar, especialmente en el primer acto, la coreografía de Andrew George y el vestuario de Jenny Tiramani.

Un realismo que no está reñido con la carga poética de las interpretaciones principales. Michael Chioldi consigue con su Gérard una interpretación vocalmente vigorosa y temperamental. Sin duda, el barítono logra uno de los momentos más aplaudidos de la representación con “Nemico della patria”, integrando muy bien la parte cantada con la naturaleza de monólogo de la escena. Julianna Du Giacomo emociona con su Maddalena, especialmente con “La mamma morta”. Su compenetración vocal con el protagonista titular es muy destacable, algo que queda patente en su dueto final “Vicino a te s’acqueta”. La limpieza, homogeneidad y regulación de su voz propician alguno de los momentos culminantes de la velada. A destacar también trabajo de Sandra Ferrández y su muy acertada Condesa de Coigny, el de Fernando Radó como Roucher y el de Elena Zaremba como Madelon.

Y por supuesto Jorge de León, que retorna a uno sus personajes de cabecera y muestra una progresión interpretativa fuera de toda duda. Elegante y apasionado, sabe cómo aprovechar el recorrido de su personaje acto tras acto. Muy destacable en el fraseo y potente y entregado su torrente vocal (excelentemente gestionado). Una voz eminentemente lírica que, esta vez, demuestra talento y talante para la faceta dramática de la pieza. A destacar “L’Improvviso, y una muy meritoria “Come un bel dì di Maggio”. El tenor, así como el resto de sus compañeros aprovechan la excelente director musical de Pinchas Steinberg, que no renuncia a mostrar todo el lirismo y dramatismo de la partitura y a la vez dotar del aire y claridad necesarios en todo momento.

Finalmente, la elección de un título como Andrea Chénier a día de hoy resulta tan acertada como significativa. Más allá de tratarse de una ópera de repertorio y de que disfrutar de la inquebrantable belleza lírica y dramática de la partitura de Giordano se convierte en un privilegio irresistible, el libreto de Illica sorprende por su robusto armazón dramatúrgico y su capacidad para combinar lo poético con lo histórico a la vez que se describe y construye en profundidad a los personajes y su contexto. La fuerza de sus palabras, sublimadas por la música, nos dan herramientas para reflexionar sobre nuestro presente más inmediato. Un gran acierto de Christina Scheppelmann.

Crítica realizada por Fernando Solla

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