novedades
 SEARCH   
 
 

27.02.2018 Críticas  
Interesante e incendiaria propuesta

El Maldà acoge el debut de la Companyia Pyros. Llibres per cremar se estrena por primera vez en nuestro territorio con un montaje que sabe cómo recoger y exponer el complejo ideario del original de Amélie Nothomb. Un montaje cuidado y esmerado redondea el resultado final de la propuesta.

La pieza desarrolla un curioso desequilibrio entre las ideas de distintos individuos y sus actos. Tres personajes que coincidirán con un profesor universitario, su asistente y la novia del último, estudiante de cuarto año de carrera. Esta diacronía entre pensamiento y acción se verá acrecentada por la relación que se establece entre los tres a partir de una convivencia motivada por la necesidad. Cómo en un contexto de asedio se puede defender, incluso entender, la necesidad o utilidad de la cultura será el verdadero conflicto. Cuando la mayor batalla a la que debe enfrentarse el ser humano, todo lo cultivado que se quiera, es contra el frío ¿para qué nos sirven los libros?

Si bien es cierto que en la era tecnológica en la que nos movemos este debate podría derivar hacia otras orillas, el dilema está muy bien planteado. La decisión de no marcar un tiempo ni lugar concretos resulta un gran acierto. Un no tiempo y no espacio que todos podemos ubicar ni que sea remotamente en nuestro imaginario. Que los personajes compartan contexto social (y universitario en este caso) focaliza muy bien el asunto, ya que el peso de las ideas y motivaciones individuales adquirirá especial relevancia y se evitará la categorización por etiquetas. Si bien es cierto que la autora parece redundar en marcar el carácter de los tres e insiste en dibujar su credo a través de las réplicas y conversaciones, el planteamiento de preguntas nos situará en el centro de la cuestión para abandonarnos ahí, in media res, junto a los personajes. Es decir, la intención parece ser la de despertar el debate y que traspase el espacio escénico para compartirlo con los espectadores antes que la de ofrecer respuestas.

En este sentido, la dirección de Blanca Bardagil se muestra fiel y mantiene firme el mismo rumbo. Nos sitúa en el incómodo papel de juez confiando en que, en función de nuestro bagaje y experiencia, nos posicionaremos al lado de uno u otro personaje. No se trata tanto de tomar partido, ni siquiera de empatizar, como de reflejar nuestra propia disonancia entre pensamiento y comportamiento. En la dirección de actores no ha buscado dulcificar ni suavizar comportamientos ni actitudes. Si bien es cierto que las transiciones entre escenas, en las que se modifica el espacio o se entona alguna canción aportan algo de aire, el ambiente será bastante opresivo. Muy acertada la decisión de delimitar el espacio con libros. La utilidad estética de los distintos volúmenes en la escenografía de Núria Vila Vilaregut (Lacol) no deja de mostrar muy elocuentemente la premisa inicial de la obra.

Hay que destacar también la muy esmerada traducción de Roger Batalla, que consigue mantener el protagonismo de la palabra, acercándonos a una auténtica distopía cultural y del comportamiento humano. Sobresale también su diseño del espacio sonoro, recurrente y muy bien integrado durante la representación. En su interpretación se nota que ha trabajado el texto, algo que le permite profundizar en el empecinamiento y obstinación de su personaje, del que nos muestra el progresivo desencanto con espontaneidad y afecto. Ramon Vila se aleja de la amabilidad de sus últimas interpretaciones para situarse en un terreno algo más turbulento y exacerbado. A su vez, Paula Sunyer dota de personalidad y carácter a un personaje que tiene mucho más que decir que lo que pueda parecer en un primer momento.

Finalmente, y a pesar de algunas dobleces del texto, Llibres per cremar mantiene el interés y propicia el cuestionamiento individual de cada espectador. Esto sucede, una vez más, gracias a la cuidada traducción de Batalla y al detalle con que las distintas disciplinas escénicas que intervienen han servido al texto de Nothomb. Una propuesta que sabe cómo jugar con el desconcierto que puede provocar en algunos momentos para transformarlo en algo cercano a la controversia interior de todos y cada uno de nosotros.

Crítica realizada por Fernando Solla

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES