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12.02.2018 Críticas  
La radio toma el escenario

En las madrugadas la radio se convierte en altavoz de una amalgama de personajes en busca de consuelo, ayuda o desahogo. El programa Hablar por Hablar de la Cadena SER es todo un referente de ese tipo de radio. Cientos de historias y anécdotas han ocurrido al abrigo de las ondas nocturnas. Ahora una obra de teatro recoge y escenifica algunas de ellas.

Mara Torres dirigió el mítico programa entre 2001 y 2006, de su paso por el programa nació un libro (Hablar por hablar, historias de madrugada) que recoge muchas de las historias que se pudieron escuchar durante aquellas noches. Varios dramaturgos han dado vida a algunas de esas historias, entre ellos, Alfredo Sanzol, Juan Carlos Rubio o Juan Cavestany. Fernando Sánchez-Cabezudo se ha encargado de dirigir y empastar esas historias para construir una obra que se disfruta y emociona.

El escenario del Teatro Bellas Artes se transforma en un estudio de radio, una locutora que dará inicio al programa, la sintonía y la primera llamada. Una madre pide auxilio ante la desaparición de su hijo. Da los detalles de como iba vestido, de que le gusta mucho el metro y la Renfe, que necesita atención especial. Enseguida la maquinaria de la radio se pone en marcha. Aparece también el marido de la locutora con la noticia de que la deja por otra mujer. Así, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, con el ritmo de la radio de madrugada se sucederán una historia tras otra. Algunas más emotivas, otras trágicas, y alguna divertida.

Darán vida y voz a esas historias un grupo de actores que se desdoblaran en múltiples ocasiones para interpretar distintos personajes. Antonio Gil, Ángeles Martín, Samuel Viyuela, Carolina Yuste y Pepa Zaragoza. Todos están en buena sintonía, cierto que algunos tienen papeles más agradecidos, pero el conjunto está bien engrasado. Ángeles Martín puede desplegar varios registros. Samuel Viyuela tiene uno de los momentos más conmovedores de la función, en el que las lágrimas del respetable aparecen. Todos tienen su momento de lucimiento y saben aprovecharlo. Donde quizá flaquean un poco es en el papel de locutores. Al fin y al cabo, el locutor está concebido para ser escuchado y no visto, y alguno de los gestos se ven demasiado artificiales y forzados, carentes de naturalidad.

La escenografía ayuda al desarrollo, ese estudio que va y viene, ese momento mágico inundando de humo el estudio, para la llamada del pescador gallego que está a punto de desistir y tirarlo todo por la borda. Fernando Sánchez-Cabezudo le tiene la mano cogida a esto de contar distintas historias. Suyo fue el aclamado montaje de Historias de Usera, y aquí repite el estilo con parecida fortuna. Las historias se entrelazan y acaban cerrándose en un broche final. La duración se alarga un poco más de lo que debería, el ritmo pausado de todo el conjunto, asemejado al ritmo pausado de las noches radiofónicas hace que los minutos sumen un poco más de lo necesario.

Le auguro a Hablar por Hablar un buen recorrido por los teatros del país, el gancho está servido y la originalidad es más que honesta. Las historias se disfrutan y consiguen emocionar con creces. Todo un homenaje al mundo de la radio desde el mundo del teatro.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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