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19.01.2018 Críticas  
Un lugar donde reencontrarse y viajar en el tiempo

Al menos una vez, el Teatro Poliorama te invita a disfrutar de la obra Un cop l’any, la adaptación dirigida por Àngel Llàcer de la obra Same Time, Next Year de Bernard Slade que se hizo popular durante la segunda mitad de los setenta.

Se trata de una comedia bien adaptada y, en este caso, se ha extrapolado espacial y temporalmente respeto al texto original de Bernard Slade. Mientras que él escribió su obra en el año 1975 y este año supone el final de Same Time, Next Year; en Un cop l’any, este es nuestro punto de partida y viajaremos 25 años desde allí y siempre geográficamente enmarcados en La Rioja y aludiendo a los hechos históricos más relevantes durante estos años en España. Este marco es muy apropiado, ya que es mucho más cercano al público y le permite identificarse con las vivencias y situaciones descritas por los personajes y también ponerse un punto nostálgico al recordar algunos hitos que marcaron esas dos décadas de grandes cambios.

El texto se articula en un marco espacial fijo, la habitación de un hotel, y a su vez nos hace viajar en el tiempo y ver transcurrir esos 25 años. Esto nos permite cohesionar lo constante y lo dinámico y reflexionar sobre este contraste entre lo cambiante y lo inmutable.

En este caso, se trata la historia de dos amantes que se encuentran una vez al año mientras cada uno de ellos sigue con su vida en su respectivo hogar. Así pues, podemos observar elementos fijos, como la relación entre ellos, su atracción que persiste y su costumbre de no fallar ni un solo año a su cita ineludible en este lugar, que les permite parar el tiempo, ser ellos mismos lejos de las presiones que suponen las realidades de sus entornos y que, en parte, les condicionan. Pero a su vez también es un lugar donde pueden mirarse en el espejo del otro y ver cómo han evolucionado, un lugar que les recuerda los cambios inevitables que se asocian con el inexorable paso del tiempo. Esta evolución que los personajes experimentan, no solo viene dada por sus circunstancias personales, sino también por los cambios sociales, hecho en el que la dirección ha querido hacer bastante hincapié. Otro elemento destacable es la búsqueda del equilibrio entre lo bueno y lo malo, que se deriva de sus conversaciones en las que consiguen encontrar una visión objetiva de la realidad, tocada de la clave de humor que esta lleva consigo.

Cabe mencionar que el paso del tiempo consigue expresarse muy bien de dos maneras distintas. Por un lado, entre escena y escena, se pueden ver unas secuencias de video proyectadas sobre el decorado que compilan los hechos más destacables de cada uno de los años que pasan y que, como se ha mencionado antes, evocan varios recuerdos en el espectador. Y por otro lado, aunque el atrezo permanece inmutable, dentro de cada escena se transmite óptimamente el paso de los años en los personajes a través del vestuario y los peinados (y pelucas), que realmente se adaptan a cada una de las épocas.

Tanto David Verdaguer como Mar Ulldemolins, están a la altura del guión y logran transmitir ese toque de humor y simpatía que la comedia requiere. Por ejemplo, podemos ver a David Verdaguer como un joven inseguro que desata hilaridad con sus torpezas, pero también le creemos cuando le vemos, en alguna escena, como un adulto, maduro y grave. Mar Ulldemolins consigue plasmar a una mujer dinámica y es quizás la que más evoluciona y cambia sus ideas. Ha tenido la responsabilidad de encarnar todos estos cambios en el rol de la mujer en su personaje y realmente, hace que veamos el paso de todo ese tiempo en su interpretación.

Así pues, si te apetece recordar y darle un capricho a tu yo de la EGB más nostálgico, no puedes perderte Un cop l’any, porque, más de una vez al año, necesitamos reír, reír y recordar.

Crítica realizada por Ada Morelli

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