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27.12.2017 Críticas  
Alta comedia corrupta

La sala pequeña del teatro Lara siempre es un hervidero de nuevas y sorprendentes producciones. La multiprogramación nos da la oportunidad de poder contar con Malas hierbas, el nuevo proyecto del ilustre Carlos Be, que en esta ocasión abandona, por el momento, su negro sello personal.

Malas hierbas nos cuenta la historia de un abogado corrupto, cuya trama de especulación inmobiliaria queda al descubierto y mientras el las fuerzas del orden van estrechando el cerco sobre su persona, se ve obligado a desentrañar la red de mentiras tejida en torno a su mujer y su amante.

El argumento podría formar parte de una dramatización de una noticia de la prensa, de esta misma mañana, por lo cotidiano de Juan, Carmen y Jesusa, con sus looks extremos Corrupto Style patrio. Carlos Be ha querido dar voz en este Malas hierbas a esa generación «popular» de «mujeres tontas», residentes en la remota inopia, e inoculadas por ese extendido virus entre los afiliados a cierto partido político, que provoca una profunda amnesia y les hace vivir en una realidad alternativa en la que los coches de lujo brotan en las puertas de sus garajes, y chalets de cuatro plantas se generan de forma espontánea en terrenos a su nombre.

Joan Batallé encarna a este abogado que lleva impunemente 20 años desarrollando su actividad delictiva, y al que la realidad y una repentina conciencia de lo que ha provocado sus actos, le hace plantearse enmendar todo ese mal, y responsabilizarse de todo. Carmen Mayordomo es la mujer ilusa, atormentada por la sombra alargada, y presencia sobrenatural de su suegra muerta, y por la razón de que un concesionario de yates esté ubicado en Palencia. Lidia Navarro es la amante, con su pisito en el Centro, su ropa de marca, y un pasado labrado a golpe de pecho al desnudo y filmes del destape.

Carlos Be siempre hace un gran trabajo de dirección, y aunque en este caso abandona el malrollismo para entregarse por completo a la comedia más alocada, vuelve una vez más a triunfar en este salto escénico. La audiencia beletrista que acude en peregrinación a cualquier proyecto del autor, podrá sorprenderse al ver este cambio de registro, y por momento añorará esos giros hacia lo terrible que pueblan todos y cada uno de sus anteriores trabajos; lo innegable es que Carlos, como la reina del Pop, no hace más que reinventarse y superarse.

Malas hierbas es un encargo del propio teatro Lara, versionando uno de los estrenos que hizo que el mismo viviese unos años dorados y le rescatase de una terrible crisis financiera. El texto funciona tan bien y la obra es de tan alto contenido cómico que se merece, si no su paso a la sala Principal, para competir en protagonismo con la perenne Burundanga, a la que podría llegar a igualar en éxito y popularidad.

La Mayordomo, musa de Be y reina del off madrileño, es capaz de sumergirse en cualquier papel se le ponga por delante, y al igual que ya hizo en la última temporada de «Tres» en esta misma sala, es una desternillante cómica y su forma de recitar sus parlamentos, alcanzan aquí un carácter épico. A Batallé he de confesar que es la primera vez que le veo sobre un escenario, pero su encarnación de corrupto ¿arrepentido? es brillante. Después de su paso por el María Guerrero y ahora en este teatro Lara, Lidia Navarro parece que vuelve con fuerza a los escenarios (ya hice mención de ello aquí); su Jesusa es el equivalente escénico a la Estela Reynolds televisiva. Hilarante, excesiva, y con un golpe de coleta, cadera, y estilismo en camisón que dan ganas de aplaudir.

Malas hierbas no será trascendente en cuanto a su propuesta, y no aportará nada brillante a la escena madrileña, pero espero que el boca-oreja entre los que ya la hemos disfrutado, le suponga una larga vida, hermanada con ese otro gran éxito de Juanma Pina que es «Lavar, marcar, y enterrar’.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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