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14.12.2017 Críticas  
40 quilates, 40 años de vida… y por muchos más

Ana María Alías Vega, Pasión Vega, celebraba el pasado sábado en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, dentro del marco del Festival Mil·lenni, sus 25 años de carrera. Sus 40 quilates, su buen hacer sobre el escenario y su asombroso desparpajo y poderío no dejan lugar a dudas que es una de las grandes de nuestro país.

A diferencia de un sencillo concierto en sí, el escenario del Liceo de Barcelona mostraba un inicio especial. Lugar para 7 músicos, pero ninguno sobre el escenario, unas mesilla con flores y una carta, una silla lateral, un tocador con sus luces incandescentes y una percha con «conocidos» vestidos nos daban la bienvenida al inicio de la gira 40 quilates.

Tras apagar las luces, la voz de Pasión Vega retumbaba en el teatro cantando acapella el inicio de 40 quilates, canción que da nombre al disco, mientras Pasión encendía el tocador sobre el escenario. La cantante teatralizaba así, con muy buen gusto, el inicio de un concierto agradecido y sentido. Poco a poco, junto a su voz sollozante, iban apareciendo en el escenario los músicos que la acompañarían durante la noche. Ella cantaba mientras se ponía los pendientes, los zapatos y revisaba el escenario para que la noche fuera perfecta. Una forma de inicio diferente que el público agradeció con su aplauso tras la magia desprendida desde las primeras notas.

Tras la «preparación», Pasión Vega empezó su concierto con Querría, canción que forma parte de su último disco; una invitación a que le dejáramos entrar en nuestras vidas por una noche (y muchas más). Tras ello, anunció al público que el concierto iba a ser diferente a lo esperado ya que iba a presentar un nuevo repertorio junto a algunas de sus canciones preferidas. Seguidamente cantó una de sus canciones predilectas de Javier Ruibal que hechizo completamente al respetable.

Después, la cantante interpretó Cuando amanezca a volar, primer corte de su nuevo álbum para pasar a la canción homenaje a José Monje Cruz escrita por Joaquín Sabina que Pasión, indica, no se cansa de cantar: Viva Camarón. Tras la muerte de Camarón hace 25 años, Pasión Vega aun sigue soñando con haber podido cantar junto al artista. Un sonoro aplauso irrumpía en el teatro. Un homenaje que la cantante finalizaba poniéndose el mantón e interpretando el clásico Maria la Portuguesa.

Te creí fue la siguiente canción que interpretó; un regalo de Armando Manzanero en forma de canción que no dudó en incluir en sus 40 quilates junto a su siguiente tema, Salve del amor perdido, que animó al público. Seguidamente llegaron dos de las canciones más sentidas de la noche, Lejos de Lisboa, donde pudimos disfrutar de unos agudos cuidadosos y aspirados, y de ese quejido dulce que tanto la caracteriza; y de la canción Gracias a la vida. Antes de cantar esta última, Pasión dedicó unas sentidas palabras al público y la gente que trabaja y ha trabajado con ella durante sus 25 años de carrera. Incluso agradeció las letras de las canciones, las luces, el sonido, los vestidos… esos vestidos que veíamos sobre el escenario, esos que la acompañaron en sus giras y que ahora no le caben pero que guarda con cariño. Tras ello, cantó, escogió el vestido blanco y salió del escenario.

Tras un cambio técnico veloz y una preciosa canción bossa-nova instrumental, el escenario quedó limpio con tan solo los 7 músicos y sus instrumentos para que Pasión volviera luciendo el vestido blanco que acababa de coger de la percha. La cantante inició así la segunda parte del concierto interpretando canciones como La Felicidad, Tierra de Nadie y Se te olvidó; incluidas en su nuevo álbum. Tras estas tres, inició otra retahíla de homenajes, concretamente tres. Para ello, no dudó en subirse y cantar sobre el piano. El primero de todos fue con una canción que la acompaña en casa desde pequeña, La Bohemia; una canción que la transportaba a París. Ya transportados a la ciudad de la luz, Pasión Vega interpretó su homenaje a Charles Aznavour, cantando París; canción incluida en su 40 quilates. Y, por último, cantó una canción popularizada por Mercedes Sosa hace unos años, y que también se encuentra como corte de su nuevo álbum, Como la cigarra; una canción contra las injusticias.

Pasión, no dudó en finalizar esta parte de su espectáculo con dos homenajes más. En este caso cantó El rumbo de tus pasos, canción escrita por Paloma Ramirez; a la que la dedicó tras fallecer hace poco y que comentó que la última vez que trató de cantarla en Barcelona casi no la pudo terminar. Y finalmente Malagueña Salerosa, donde habla de Málaga, la tierra que la vio crecer. Una tierra, según ella, con calles con olor a pastel, aire del puerto y aroma a night-club.

Para acaba el concierto, Pasión Vega dio gracias por los 25 años en la música, esperando cumplir otros 40 quilates mientras disfruta de su vida, celebrándola así cada año. Tras las primeras notas de Mediterráneo de Joan Manel Serrat, el público enloqueció en aplausos y Pasión jugó con él haciéndole cantar el estribillo.

Tras la entrega del respetable en la última canción Pasión Vega puso punto y final a su concierto antes de volver a salir a realizar un total de 3 bises. El primero fue un mix de algunos de los éxitos que no había cantado: Desnuda tengo el alma, Tan poquita cosa, La gata bajo la lluvia y Fina estampa. Varios de los que el público pedía a gritos desde las butacas; contentando así a la inmensa mayoría. Tras ello, cantó su éxito Maria se bebe las calles; no sin antes lamentar que tuviera que seguir cantándola, ya que en los tiempos que estamos, aun no hemos acabado con esta lacra. Y finalmente, esta vez sí, Pasión cantaba La Tarara, una canción de Lorca que indicaba es la primera canción que enseñó a su hija. Un punto maternal y amoroso que hizo las delicias del público para finalizar un concierto de agradecimiento.

Crónica realizada por Norman Marsà

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