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11.12.2017 Críticas  
¿Las circunstancias nos eximen de responsabilidad?

La Sala Muntaner acoge una propuesta que navega a contracorriente de lo que solemos encontrar cuando nos acercamos a una historia que juega con la ficción y la realidad. Leni es una pieza que tras su aparente sencillez despliega un interesante revestimiento ideológico.

Pavel Bsonek ha conseguido desaparecer mediante su dramaturgia. Un trabajo tan sutil que parece imperceptible. Y que para nada lo es. El texto de Valeria Schulzova y Roman Oleksák se centra en unas pocas cuestiones relevantes y sobre ellas monta una entrevista ficticia entre dos personajes reales. ¿Qué puede empatar a Leni Rifenstahl y Johnny Carson? Quizá una de las directoras cinematográficas más relevantes y cuyos logros estéticos se mantienen insuperables. Probablemente uno de los periodistas que más ha influido en configurar la figura de presentador estrella que, especialmente en Estados Unidos, se mantiene hoy en día.

La ideología. Qué malas pasadas nos puede jugar. Y más cuando se nos etiqueta y valora profesionalmente a través de la que nos atribuyen otros. Si mi jefe o promotor es un fascista llamado Hitler, ¿mi trabajo deja de tener valor? ¿Cuándo prescribe mi pecado moral? ¿Hasta cuándo debo pagar? ¿Debo hacerlo? Y, ¿quién debe juzgarme? ¿Por qué es lícito que la personalidad del periodista y su visión totalmente parcial se anteponga a los hechos y personas que denuncia? ¿La opinión subjetiva debe priorizarse ante la imparcialidad? ¿Juicio es sinónimo de información? ¿La elección de un tema o personaje, aunque sea para criticarlo, no es también un ejercicio de propaganda? Lo mejor del trabajo de Bsonek y su equipo es que vendrán implícitas a través de la explícitas que se formularán en la obra. Esto convierte al arte teatral en muy buen ejemplo de su utilidad como foro de debate y espejo de la realidad.

El espacio escénico y vestuario de Thierry Castagne siguen en esta misma línea de dirección. Convirtiendo la sala en parte integrante del espacio de la representación, quedará hueco también para el camerino del estudio. Esto sirve no sólo para dar aire al personaje titular sino para hacer avanzar la acción y tramar el desarrollo más allá de la entrevista. En todo momento formamos parte del público del programa televisivo de Carson pero, como su emisión, todo será en diferido. Participaremos de la grabación. De este modo, los trucos de iluminación y los cortes amplificarán también el juego teatral a la vez que despiertan una nueva reflexión sobre la impostura o puesta en escena del ejercicio periodístico y televisivo.

Y por supuesto, los intérpretes. Totalmente alineados con la idea de Bsonek y oportunos transmisores del texto original. Montse Guallar muestra con total asertividad todas las capas de su personaje. La actriz alcanza tanto el apasionamiento de su personaje al hablar de su trabajo como su enfado, displicencia y energía. Mantiene un pulso firme entre su fiereza y valentía y su fragilidad, sin llegar nunca al victimismo. La batalla dialéctica e ideológica está muy buen tramada con Sergi Mateu, que muestra las dobleces del periodista, tanto con la voz como con la mirada. Minnie Marx sabe aprovechar el peso de su personaje y realiza un trabajo de balance que muestra cómo el prototipo de la mujer madura entrañable puede mostrar también un ideario mucho menos grato para sus detractores pero sin culpabilizarlo. A su vez Carles Goñi sirve a través de su interpretación de bisagra para mostrar la cara más humana del personaje de Leni. Sus intervenciones será breves pero siempre precisas.

Finalmente, Leni es un espectáculo que consigue despertar la reflexión y el debate. No se trata de deslumbrar a los espectadores con revelaciones ideológicas nunca escuchadas hasta ahora, sino de evidenciar que no todo es blanco o negro. Que tomar partido implica una responsabilidad y juzgar no nos exime de ser juzgados bajo el mismo rasero. Que convicción firme no debería implicar categorización sistemática o inflexibilidad. Y, en última instancia, un claro ejemplo de adecuación entre contenido y continente.

Crítica realizada por Fernando Solla

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