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24.11.2017 Críticas  
De cero a héroe

¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas! Muy atentos a la pista central del Teatro Apolo de Barcelona: porque tras las evoluciones aéreas de los acróbatas y antes de que los malabaristas tomen la arena van a asistir ustedes a las proezas y la historia del hombre más fuerte del mundo. ¿Hombre, he dicho? Quería decir semidios: porque estas son Las aventuras de Hércules.

Desde su estreno en 2015 en el Teatro Romano de Mérida, y tras una larga gira por España, el espectáculo creado por Ricard Reguant, Ferran González y Xenia Reguant, ha ido atravesando cambios. Atrás queda la figura del anciano Hércules contándonos su historia, algunas escenas más complejas o las coreografías impregnadas de Busby Berkeley (el grupo de baile es también más reducido). Tal y como llega a Barcelona, Las aventuras de Hércules es un espectáculo familiar que combina disciplinas y lenguajes de circo, revista, teatro y musical.

Y esa es la baza principal que tiene, y a la que es fiel, a la hora de articularse: no estamos viendo un musical sobre Hércules, sino un espectáculo familiar sobre una compañía de circo que nos cuenta la historia de Hércules. En lugar de cumplir un papel unificador, marcando hitos argumentales y emocionales del argumento, las canciones están al servicio de cada uno de los cuadros en que se va dividiendo la función. Ese juego que se nos propone impregna las estrategias y los artificios de la pieza, dota de un aire de clown a las peripecias de Herc (Mikel Hennet) y Yolao (Lluís Canet), pero también permite que funcione muy bien el otro gran punto de la obra: el homenaje al propio teatro, que culmina con un sirtaki coral que es quizás la mejor canción de toda la obra y que podría codearse con piezas como el “Comedy tonight” de Golfus de Roma o las “Historietes” de Glups!.

Junto a ellos, destacan Roger Borrull como maestro de ceremonias y Zeus ocasional, y Cristina Murillo como una Hera despechada. Las coreografías de Laura Olivella son sencillas aunque el elenco se luce más en las acrobacias de circo; y es de agradecer (cosa que no siempre ocurre) que forme un coro muy bien conjuntado y que permite entender perfectamente los números de grupo. El vestuario, digno de la mente de Jack Kirby, sienta muy bien a la mezcla de heroísmo griego y colorido circense que pretende la obra.

Las aventuras de Hércules no es una obra infantil ni un musical adulto, y quien vaya a verla esperando estrictamente una de esas cosas puede salir decepcionado. Ha optado por una manera de explicar la historia que pierde el sentido inicial cuando llega a su mitad (solo vemos 3 de los 12 trabajos), lo que junto a parte del humor más arrevistado puede no funcionar con algunos niños, y le falta cierto sentido de unidad en los temas musicales (y tal vez alguna secuencia). Es una obra de teatro familiar, con detalles pensados para edades distintas: como tal no acaba siendo perfecta para ninguno, pero sí adecuada y entretenida para todos.

La sensación final es de un esfuerzo colectivo digno y un homenaje al escenario muy válido, pero al que, para encumbrarse como “buen musical de Hércules” le falta algo. Claro que, en su forma actual, tal vez esa no era su intención. Nos quedamos con ganas de ver la versión completa, pero mientras tanto: ¡pasen y vean!

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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