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21.10.2017 Críticas  
El inicio del amor más inverosímil en un oscuro agujero

The Hole Zero ha llegado al Teatre Coliseum de la ciudad condal. Esta vez The Hole nos explica sus inicios en la noche del 31 de diciembre de 1979 en el mítico Studio 54 de New York City. El amor, el baile y la lujuría impregnan su ambiente.

Entrar en el agujero siempre es una muy buena opción. Se está calentito, cuidado y feliz. Pero no todos los agujeros son iguales, algunos hacen que viajemos en el tiempo al entrar al teatro y, como si de Marty McFly se tratara, mágicamente retrocedemos a 1979.

¿Quién no ha soñado con visitar el Studio 54 de Nueva York en pleno apogeo? El pasado sábado por la noche pude hacerlo. Lo sé, no era real, pero como si lo fuere. La noche de fin de año del 79 solo era un espejismo para divertirnos y vaya si lo hicimos.

LetsGo Company se ha puesto las pilas con el tercer montaje de la sala The Hole, esta vez su precuela, The Hole Zero, donde nos llevan a sumergirnos en el inicio de la historia. Como siempre en nuestros viajes al agujero, nos acompañó La Terremoto de Alcorcón (Pepa Charro) como MC; un lujo que no podíamos perdernos y que no decepcionó. Su lengua juguetona y viperina no deja títere con cabeza y así lo demostró con un estupendo guión en el que se intercalan noticias de actualidad para acercar al público al espectáculo. Sus monólogos son divertidos e ingeniosos (bravo por el guión) y, esta vez, junto a su alter ego Argentina, lo pudimos disfrutar aun más si cabe.

Y es que en este montaje, a parte de la MC y los números de circo y cabaret que pudimos disfrutar, no faltaron multitud de personajes con más peso de lo usual en otros agujeros.

Empezando por su alter ego, una Argentina muy grande y salerosa llamada Conchi (Noelia Pompa), nos dio la noche. Que descubrimiento de mujer polivalente. Tanto vale para un roto como para un descosio. Como baila, como se mueve, como p*tea al personal, ¡como psicoanaliza la Argentina! Lucy nos enseñó el camino a la luz placentera gracias a la participación del público. Interpretada por Sharonne, nos reímos con sus salidas de tono y sus comentarios más viperinos que Conchi. Los chicos del cabaret: Salomón (Axe Peña) y sus cuernos, Bola Disco (Julio Bellido) y su baile del Boggie y Dios Caballo (David Michelle) y Golden Boy (Oleg Tatarynov) con sus aereos nos hicieron olvidar los problemas creando ese calor en el ambiente. Las chicas del cabaret tampoco se quedan cortas: Lady Studio (Arantxa Fernández) y Lady Fifty Four (Maria Hinojosa) nos deleitaron con sus bailes sensuales y atrevidos. Y finalmente, las grandes dos voces (con perdón de nuestra “Terratremol”), La Diva (Rebeka Brown) y DJ Santera (Bilionda Mfunyi-Tshiabu) quienes pusieron música disco a la noche de fin de año.

Junto a ellos, un compendio de numeros circenses nos hicieron olvidar el tiempo que estuvimos en el agujero, ya que su buen hacer y la dificultad de los números, hicieron que disfrutaramos más de lo esperado. Seguridad (Dúo Ballance) nos dejaron con la boca abierta en el inicio de la función. El control de su espectáculo es preciso y hace que lo recuerdes varios días después de salir del agujero. La equilibrista (Eliza Khachatryan) es una diosa egipcia que sorprende al respetable cuando, con sus zapatillas de ballet, hace aun más difícil un gran número de funambulismo. Caminar por un alambre a cierta altura nunca es dificil, y menos si lo haces en puntas de ballet. Bungee Trapezze vuelan en perfecta armonía en un número que impresiona cuando solo vuela uno pero, más dificil se torna cuando ¡vuelan dos!. Y, por último, el espectáculo nunca visto dentro de un teatro, Rueda de la muerte (William Torres y Andrés Daza) ruedan cual hamsters en un artilugio demencial. Ya sea por dentro, por fuera, saltando a la comba o con los ojos cerrrados, nos mantuvieron con el corazón en un puño hasta el final de su espectáculo. Ah, ¡ojo! Y no nos olvidemos de Cristobal, la rata de la que La Terremoto está enamorada. ¡Que bien se conserva! Ojalá todos nos conserváramos así.

Aunque algunas de las actuaciones nos recordaron un poco a los anteriores montajes de The Hole, pasamos una noche llena de sorpresas y buen rollo en el agujero. The Hole nunca nos decepciona y siempre volvemos a entrar en él cada vez que visita la ciudad; pero es que se está tan calentito y bien cuidado que no lo pensamos. The Hole siempre ha sido y será una visita obligada. La pregunta es: ¿Y tras The Hole Zero, qué nos deparará el siguiente agujero? ¿Será un salto en el futuro? ¿Tendremos una terremoto robot? ¿Una rata biónica?

Crítica realizada por Norman Marsà

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