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22.09.2017 Críticas  
La ópera de las arias imposibles

El Teatro Real estrena su temporada del 200 aniversario con una ópera nunca vista en la capital. Lucio Silla de Mozart, una arriesgada apuesta, compuesta por Mozart en su adolescencia con unas exigencias vocales pocas veces vista en la ópera. Densidad, elegancia y mucha mucha ópera clásica.

Cuesta mucho comprender que un joven de dieciséis años compusiera una obra como Lucio Silla. Pero de eso están hechos los genios y evidentemente Wolfgang Amadeus Mozart lo era. Allá por 1772 en Milán estrenó con éxito esta larga composición sobre un tirano dictador romano de la antigua Roma que tiene retenida a Giunia, de la que el proscrito Cecilio es prometido. Giunia, aun y creyendo muerto a su prometido, se mantiene firme ante las propuestas del dictador, hasta que Cecilio decide ir a por ella, desencadenando las iras del dictador.

La propuesta que se presenta en el Teatro Real procede del Teatre del Liceu de Barcelona, en coproducción con el Theater an der Wien y el Festival Wiener Festwochen, siendo estrenada esta en 2005. Se recupera esta gran producción ahora para que Lucio Silla suene finalmente en Madrid. Ivor Bolton se pone a los mandos de la orquesta, consiguiendo como ya es habitual en él una comunión absoluta y una dirección ágil y más que notable para una composición de ese tipo.

Claus Guth, director escénico que ya conocemos por sus trabajos en la Rodelinda de la temporada pasada, y un Parsifal de hace algo más, vuelve a llevarnos a un montaje giratorio de grandes dimensiones. Una especie de sumidero, de cloaca de poder. Destaca la iluminación que consigue dar una profundidad majestuosa en algunas de las escenas. El gris del hormigón, y un blanco lúgubre, azulejos manchados de sangre. Todo ello mezclado con un vestuario que combina negros y grises a tono con toda la gigante escenografía.

Esta es una ópera mayormente desconocida para el gran público. Dada la gran dificultad de algunos de sus fragmentos (compuestos originalmente para ser interpretados por castrati) y que ahora interpretan sopranos. De esta composición se dice que contiene algunas de las arias más difíciles de interpretar para la voz humana. Y podemos dar fe de ello. A pesar de la extensa duración de toda la ópera (se alarga más allá de las tres horas y media), la belleza de algunas de sus composiciones se queda retumbando en el respetable.

Un reparto de altura se concentra para hacer frente al desafío de Lucio Silla. El exigente papel de Giunia lo interpreta una deslumbrante Patricia Petibon, alternándose con Julie Fuchs. Consiguen el aplauso merecido del respetable. El papel de Lucio Silla lo lleva a cabo Kurt Streit y Benjamin Bruns. Curiosamente en esta ópera que lleva el nombre del malvado dictador, el personaje del mismo, por una sustitución, en los días previos al estreno, obligó a Mozart a reducir drásticamente el papel del que en teoría era el protagonista.

El papel del coro es casi simbólico, no hay muchas partes en esta composición donde este se pueda lucir. La decisión de colocarlo en los palcos principales durante la última escena, aunque curiosa, distrae y desluce su trabajo.

Lucio Silla es fruto de un Mozart joven, pero lleno de madurez. Una ópera que llega por fin a Madrid y que se disfruta de principio a fin. Cierto es que algunos fragmentos se alargan más allá de lo requerido, y que la densidad de alguna de sus composiciones pueda hacer divagar al público, pero merece ser dicho que el segundo acto se eleva y consigue una belleza potente.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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