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14.09.2017 Críticas  
Belleza, vitalidad y peligro

L​a compañía brasileña de danza Deborah Colker, responsable de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, llega por primera vez a la Gran Vía madrileña con su espectáculo Vero, una magnífica combinación con las mejores partes de sus anteriores y aplaudidos espectáculos: Velox (1995) y Rota (1997).

El Teatro de La Luz Philips Gran Vía acogió durante dos días 12 y 13 de septiembre este espectáculo que muestra el deporte –baloncesto, escalada, esgrima, etc…- como vehículo expresivo de los artísticos movimientos que nos hacen libres. El resultado de este torrente creativo son piezas muy visuales y asombrosas donde se explora el ejercicio físico como instrumento de comunicación no verbal rica en significado y como canal de maduración de las personas, puesto que éste permite superar los propios límites y los desafíos que la vida nos plantea.

Todo se desarrolla con un elenco formado por diversos artistas que entre danzas y acrobacias demuestran cuánto se puede transmitir sin utilizar ni una sola palabra, sino a través del movimiento, el baile y la interpretación; y es que no sólo demuestran una gran habilidad técnica, también son capaces de gestualizar y expresar sentimientos, logrando que nos emocionemos desde el patio de butacas.

Los elementos –música, vestuario, decorado, luz…- están magistralmente coordinados para sorprender al público allí presente, aunque debo decir que la música está excesivamente alta (sobre todo en la primera parte de la función) y cuando tiene lugar algún sonido grave los altavoces retumban llegando a ser algo molesto para los oídos.

Los dos números más destacables son una pared vertical de varios metros de altura y una rueda por la que los artistas danzan enérgicamente demostrando profesionalidad y dedicación (dejemos de lado algún pequeño fallo técnico que no deslució en ningún momento la función). ¡Extraordinaria belleza visual!

En general, nos encontramos ante un espectáculo que no decae en ningún momento durante la hora y 45 minutos (descanso incluido), con una escenografía sobresaliente y una puesta en escena que consigue emocionar a todo el público. Vero es una joya que ha pasado fugazmente por Madrid.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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