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13.09.2017 Críticas  
Poderoso caballero Don Talento

Un corral de comedias ha surgido en la madrileña Cuesta de Moyano, de la mano de la Fundación Siglo de Oro, y este Los espejos de Don Quijote que nos ocupa, dirigido por Alberto Herreros, supone el broche de estas últimas noches de verano, con un Cervantes en pleno huracán creativo de la que sería su obra mas notoria y relevante.

Cervantes despierta en una celda de la Prisión Real de Sevilla, allá por 1597. Está acusado de robar los impuestos, por él mismo recaudados, para el Rey de España. Tratando de razonar con el carcelero, descubre que Dorotea, la tabernera con quien debía reunirse la noche anterior, está presa en una celda vecina, junto a un escritor. Arrinconado y solo, Cervantes se encuentra ante un encrucijada crítica, enfrentado a su enemigo más temido: él mismo.

Herreros recurre al mito del encuentro entre Shakespeare y Cervantes, en este caso no ya en territorio inglés como lo imaginó Stoppard, o en Valladolid para Burgess, sino en la capital hispalense cuando ambos acaban entre rejas tras una agitada noche. Daniel Moreno en el papel del inglés, y Seda en el del español, van hilando una serie de encuentros en la celda del manco, de cuyos debates dialécticos se van forjando las grandes ideas que cimentarán la obra de ambos. Pedro Miguel Martinez interpreta al carcelero, que en un caprichoso giro de los eventos terminará siendo un personaje relevante para la posteridad, y Ana Crouseilles es la tabernera Dorotea encargada de unir los destinos de ambos genios.

El resultado general del montaje, en tan curiosa ubicación, con un sorprendente resultado en cuanto a acabado (yo me encontraba entre los escépticos que opinaban que montar una carpa en plena calle era un desacierto), es satisfactorio, pero la sensación de levedad del texto, soportado en repetir una y otra vez las reuniones de los escritores en la celda, parece concebido mas en clave de sesiones de “microteatro” de una duración superior a la habitual, pero que sería precisamente la baza principal tanto para atraer al público por el atractivo de la propuesta, como al buen sabor de boca del espectador al salir de la función.

El mensaje que nos quiere transmitir toda esta propuesta tanto escénica como del “festival” organizado por la Fundación Siglo de Oro, es lo realmente valioso, transmitiendo aunque sea a una audiencia minoritaria la transmisión de nuestro patrimonio literario e invitándonos a visitar o revisitar el mismo para salir de nuestras celdas figuradas, y dejarnos llevar por la fantasía y la imaginación.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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