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08.08.2017 Críticas  
El juego de la ilusión

El conocido texto de William Shakespeare soporta versiones y revisiones de todo tipo. Cuando algo está tan bien escrito, conteniendo la esencia de la comedia solo basta la ilusión y la magia del teatro para llevarnos a ese jardín griego plagado de criaturas de leyenda y enamorados inflamados de amor.

La compañía Bluarte pone en pie este Sueño de una noche de verano en el Teatro Quevedo. Lo hace con humildad e ilusión, lo que suple algunas carencias tanto de montaje como interpretativas. La elección de la obra del genio inglés es acertada, pues permite el ritmo distendido, ciertas licencias y no requiere tensión dramática. La comedia se desliza hasta llegar a ese final tan fantástico en el que los dos mundos colisionan.

La versión está dirigida y protagonizada por Pablo Montenegro. Le acompañan en el periplo un amplio reparto de hasta diez actores, algo inusitado en estos tiempos. La compañía es joven, y eso se nota. No les podemos exigir perfecta dicción, pues deduzco que el proceso formativo sigue en curso. Destacan entre todos ellos el mismo Pablo y Paula Cóiz que encarna un entrañable Puck.

Siendo un montaje sencillo, hay que reconocerles su intencionalidad y su bravura. La escenografía es divertida y saben jugar con ella, quitándole importancia a que todos reconocemos que no es la mejor escenografía del mundo.

No es una función perfecta, ni mucho menos. Necesita más trabajo y más ritmo, así como pulir muchos textos y pronunciaciones. Pero el mérito está y hay que aplaudirlo. Un grupo de jóvenes que se atreven- con el ego aparcado en la calle- a hacernos soñar un buen rato. Al final el teatro también es soñar sueños imperfectos pero sueños al fin y al cabo.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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