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28.07.2017 Críticas  
A ver si cuela, ¿dígame?

El Grec Festival 2017 incluye en su programación un espectáculo cocido a fuego lento y con mucho cariño. Escrita a cuatro manos entre Maria Molins y Bárbara Granados y dirigida por Joan Maria Segura Bernadas, Cabareta sabe cómo plasmar a través de un género muy concreto no sólo unas inquietudes sino una manera de ver y entender nuestro entorno más inmediato.

Convivencia. Esa sería la palabra elegida para resumir en una sola la función que nos ocupa. Entre el formato de revista o espectáculo de variedades y el reflejo del estado de un género. El doble sentido irá mucho más allá de la broma o el chascarrillo para convertirse en algo alegórico. Un género (dramático) denostado a veces, como lo puede ser también el femenino. Mal catalogado como subgénero o etiquetado como menor. Entre dos mujeres y sus compañeros en el escenario. De aquí y allá o viceversa. Entre el público y las intérpretes.

Barcelona. La de antes y la de ahora. La relación de sus habitantes y sus artistas con la ciudad y con el resto de comunidades. Desde dentro y hacia fuera. Mercè Rodoreda, Guillermina Motta, Mary Santpere, Ángel Pavlovsky… Artistas cuya feminidad ha sido algo plausible e influyente, ya sea por su naturaleza física o su personalidad escénica o facultativa. Maria Molins y Bárbara Granados. Dick Them y Miquel Malirach. Un texto que a través de la música y las canciones, de sketches y breves teatralizaciones sin hilo argumental aparente, consigue captar y mantener nuestra atención. Divertirnos y despertar la reflexión más implícita o explícita, todo lo voluntaria que se quiera, pero siempre inducida con una persuasión manifiesta a través de la dramaturgia.

Artistas. Mujeres trabajadoras no siempre asalariadas. Un espectáculo que va para todas ellas y también para todo público. El arte de la comunicación, de la transmisión de un punto de vista, de un estado de ánimo. La entrada o salida del armario. Todos los porqués de cómo hemos llegado hasta aquí a nivel social y geopolítico se explicarán a través del ejemplo. Una suerte de fábula humana y musicada. La denostación de un grupo social y un gremio. Mujeres, homosexuales, artistas. Todos metidos en un mismo saco cuando precisamente su singularidad e idiosincrasia les impiden formar parte de un catálogo o manual de las “buenas” costumbres al uso. Todo esto y más es Cabareta.

Por su reflexión tanto sobre las distintas cuestiones que se tratan como de su manifestación artística y genérica, el texto de Molins y Granados demuestra total validez y adecuación en ambos niveles, contenido y continente. Segura Bernadas ha sabido encauzar la implicación personal con la motivación artística de ambas hasta conseguir que convivan y siempre teniendo en cuenta que van dirigidas hacia un público que asiste, feliz y atento, a lo que sucede en escena. Entre los tres han creado una dramaturgia que sabe cómo potenciar el texto cuando toca con la vis más cómica de ambas. Un cierto regusto amargo terminará de redondear una propuesta y de adscribirla al género que defiende.

La música escrita para la ocasión convive muy felizmente con las aproximaciones más conocidas que se utilizan. La reflexión sobre la validez, nacimiento o uso que históricamente se ha hecho de algunas piezas referencias es de gran valía. La humanidad que se desprende de todo el conjunto llega en emocionarnos en algunos momentos. Dick Them y Miquel Marilach realizan muy buen trabajo, tanto musical como interpretativo. La comicidad del segundo es muy destacable. Granados consigue mostrarse a sí misma con dignidad y humor. Desdramatizando y dejando huella.

Maria Molins se adecua a la perfección al género de la propuesta manteniendo los rasgos más definitorios de su buen hacer como actriz. Una gestualidad fantástica, una expresividad tan manifiesta como silente. Su mirada transmite todo lo que las palabras no dicen. Una contención siempre a punto de estallar. Sin un motivo aparente, viéndola aquí recordamos todas las oportunidades en que la hemos podido ver desde la puesta en escena de “Caos Dempeus” que Esteve Polls dirigió en 2001 hasta ahora. Un gran recorrido del que esperamos seguir formando parte como espectadores.

Finalmente, y siguiendo con algunos de los momentos más satíricos de la función, diremos que Cabareta no sólo cuela, sino que podría convertirse perfectamente en un espectáculo de repertorio. Tan modificable como el momento en que se represente y el talento (y talante) de una actriz de primer nivel y sus no menos inspirados compañeros permiten. Bienvenidos a Cabaret(a).

Crítica realizada por Fernando Solla

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