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22.07.2017 Críticas  
Un loco loco loco fin del mundo

Propuestas frescas y divertidas son las que se necesitan en el verano madrileño para aquellos que descartamos la playa como opción y preferimos la jungla de asfalto. José Padilla ofrece en el Teatro Kamikaze Las (refrescantes) crónicas de Peter Sanchidrián; obra que nos hace más llevadero el atracón de fotos de pies en la arena y tintos de verano en terrazas del litoral.

Es de agradecer que José Padilla entregue cada poco tiempo una pieza que disfrutar en cualquier sala, grande o pequeña de la capital. Desde hace unos 5 años se le tilda como uno de los representantes de la nueva ola de dramaturgos que han llegado para sacudir la escena nacional tanto con piezas originales como versiones de clásicos como los que él ha emprendido, siendo sobresalientes su ‘Perra Vida’ que ya pudimos disfrutar el pasado año en este espacio, o ‘Los cuatro de Düsseldorf’ en la ya extinta El Sol de York.

Surgida de una pieza del 2015, Las crónicas de Peter Sanchidrián es un batiburrillo de historias enmarcadas en la última noche en la Tierra de una serie de tripulantes y los afortunados que han podido permitirse pagar un billete para escapar de un planeta asolado por la enfermedad. Pedro (Juan Vinuesa) es el capitán del transbordador intergaláctico que minutos antes del despegue se da de bruces con la ruptura sentimental con su novio Otto (Cristóbal Suárez), un cataclismo equiparable a la cadena de fallos que impiden el despegue a tiempo de la nave.

Tras este comienzo se van sucediendo las distintas escenas con el resto de la tripulación, una afamada doctora (María Hervás) que recibirá una condecoración por sus relevantes investigaciones que pueden suponer la última esperanza para la salvación humana, y cuya alegría se ve truncada por las escalofriantes revelaciones de su ex (José Juan Rodríguez) y su nueva pareja (Laura Galán); o esta última interpretando a una estrella del teatro en ciernes cuya maestra (Antonia Paso) quiere pedirle un comprometedor favor por los viejos tiempos.

Todo el reparto doble o triplica personajes en las distintas historias que se van desgranando durante los noventa minutos de duración del espectáculo, todas ellas marcadas por las decisiones que debemos acometer como seres racionales que somos. Decisiones que pueden cambiar el curso de la ciencia en el mundo, o afectar directamente a la Humanidad como ocurre en la penúltima pieza de Las crónicas de Peter Sanchidrián. Todas las interpretaciones están a la altura de las circunstancias, y siendo un reparto tan coral, hacer distinciones entre unos y otros, me parece injusto, aunque, como en todo montaje en que participen, la comicidad involuntaria de Juan Vinuesa y la verdad que transmite Antonia Paso, son remarcables.

Si en críticas previas que podéis leer en la web, en relación a los estrenos teatrales de estos meses de verano, encontraréis una vaguedad y un carácter de consumo rápido y efímero, he de agradecer personalmente que José Padilla entregue este proyecto tan fresco y disfrutable, con una dirección, interpretación, y hasta iluminación tan cuidadas como las que nos encontramos, sacando mucho partido a este polémico espacio del Teatro Kamikaze, que no siempre ofrece los mínimos de comodidad o da brillo a lo que se representa, pero que en este caso la simbiosis es excelente.

Las crónicas de Peter Sanchidrián no serán perfectas, y echo en falta una homogeneidad en el proyecto, pero estos detalles no las hacen menos entretenidas y se sale de ellas con una sensación de “feelgood theatre” que, me reitero, es gratificante. Aprovechad y hasta el 26 de julio, asomaos por el magnífico Teatro Pavón Kamikaze a disfrutar del fin del mundo más loco.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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