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21.07.2017 Críticas  
El anhelo de la representación teatral

La cia. Ignífuga estrena espectáculo en el marco del Grec Festival de Barcelona. A partir de la idea de Utopía de Thomas More, la compañía nos ofrece un espectáculo con múltiples capas intertextuales y que combina distintas realidades. Un magnífico juego entre texto, subtexto y contexto que mantiene al espectador en un estado entre perplejo y alucinado.

El formato de conferencia teatralizada dará paso a la asimilación de los intérpretes en personajes de sí mismos de una manera que nos parecerá completamente natural. Lo que en un principio parece una pieza muy discursiva, algo necesario a partir de su premisa inicial, se combinará con una faceta más documental y alegórica hasta conseguir escenificar la Utopía de los participantes en la propuesta. De una manera muy hábil y honesta la quimera será precisamente llevar a escena la idea que los integrantes de la compañía tenían cuando se interesaron por el proyecto. Esa y la opción de posibilidad real del punto de encuentro. Entre cada intérprete y con el público.

Por otro lado, también se querrá parafrasear el testimonio de Àlex Moreu, actor que hace quince años abandonó su vida en la ciudad de Barcelona para irse a vivir a la zona pirenaica francesa para intentar formar un nuevo modelo de organización social. Junto a su Utopía la del resto, que se mostrará individualmente hasta sumar en una sola, que es precisamente conseguir mostrar la propia idea original del espectáculo, siempre teniendo en cuenta la dificultad e improbabilidad que por definición tiene el término. En este terreno, el trabajo de Pau Masaló y Ferrar Dordal en la dirección y dramaturgia es excelente. Por cómo han sabido transformar tanto la idea como el concepto del término.

Sociedad. Compañía. Acuerdo. Pacto. Ilusión. Imposición. Necesidad. Arte. Participación. Implicación. Motivación. Interpretación. Escenificación. Es increíble y muy gratificante y revelador cómo de una manera equilibrada y sin que nos demos cuenta vamos asimilando conceptos e ideas y su relación. Cómo la reflexión, siempre propiciada de manera distendida y en apariencia trivial, va calando hasta llegar a un estallido final realmente maravilloso. La escenografía de Joana Martí facilita la convivencia entre capas y formatos de manera tan convincente como estéticamente adecuada y atractiva. La ilusión del directo irá mucho más allá del espectro teatral y llegará al terreno del audiovisual. El uso de la cámara y las proyecciones, de la mano de Eduard Autonell y Marina Congost, redondean la formalidad de un espectáculo, que aquí es tan importante como el contenido, sino sinónimos.

El trabajo de los seis intérpretes es fantástico. Su implicación y adecuación son las que consiguen que el calado de Utopía sea total. La percepción que son ellos los que se están mostrando es perenne desde el primer momento. La sensación de estar ante una conferencia improvisada se mantiene durante toda la función. Y teniendo en cuenta las interrupciones y matices que han de mostrar, el resultado y coordinación son espectaculares. El trabajo de campo que hay alrededor de la mesa (o eso nos parece discernir) es profundísimo, incluso cuando se llega a puntos de no saber qué hacer con el espectáculo. Hasta eso, se consigue convertir al formato dramático, siempre teniendo en cuenta las señas de la compañía.

La Utopía de convertir esas dudas en material susceptible de considerarse artístico es una realidad. Un espectáculo que podría ser distópico, desordenado, críptico e incomprensible y en manos de Autonell, Congost, Cristina Arenas, Júlia Rodón, Melcior Casals (que colabora con la compañía en esta ocasión), además de Moreu, se convierte en un profundo, divertido y muy feliz encuentro e intercambio escénico.

Finalmente, intentar explicar este espectáculo puede resultar también utópico, en el sentido que resulta altamente improbable poder transmitir todos los estímulos que se despiertan al ver y escuchar esta pieza. Una función cuyo éxito es rotundo en el sentido que cumple a la perfección con lo que parecen ser sus premisas tanto formales como de contenido. Se desprende y se consigue la lógica y coherencia del conjunto. Algo que, francamente, resultaba difícil de imaginar. Sin duda, una de las sorpresas del Grec 2017 y un gran paso de gigante para la Cia. Ignífuga en el asentamiento de una manera de hacer y entender el teatro que aquí cobra todo su sentido.

Crítica realizada por Fernando Solla

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