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22.07.2017 Críticas  
Un gran Flotats nos muestra el significado del ser

Josep Maria Flotats vuelve a Barcelona con Serlo o no. El ciclo que empezó en 2015, con el estreno de la versión en catalán, parece que llega a su punto y final con este fin de gira. Tanto por el título elegido como por el rotundo éxito de la puesta en escena, podemos afirmar que nos encontramos desde ya mismo ante una gran muestra de teatro perdurable.

El texto de Jean-Claude Grumberg no tiene desperdicio, y así lo ha entendido la dramaturgia y la dirección de Flotats. También la interpretación. Una historia construida a partir de una anécdota y que, desde ahí, consigue llegar a todos los estadios del ámbito público y privado del ser humano. Ética, moral, compromiso, lengua, cultura… De la historia particular a la Historia que compartimos todos. A partir de los distintos encuentros de dos vecinos en el rellano de su escalera. Sentimiento de pertenencia, identidad, convivencia, tolerancia, reduccionismo, amplitud (o estrechez) de miras, distensión, persuasión, convicción, asimilación… Una ocasión privilegiada para que la reflexión y aprehensión sucedan a tiempo real mientras dura la representación teatral. Un auténtica prerrogativa de función.

Decía Flotats ya hace años, y a través de la figura convertida en personaje de su admirado Louis Jouvet: “La inteligencia del teatro es una intuición, difícil de definir pero que no tiene nada que ver con la inteligencia ordinaria de los sabios; es un sentido que uno tiene, un sentido inteligente; y la explicación que te di, no podías comprenderla con la cabeza, sino sintiéndola”. No se podría definir mejor lo que sucede en Serlo o no, tanto en escena como en el patio de butacas. En este caso no se explicita verbalmente esta capacidad del veterano dramaturgo y actor pero sí a través de cada gesto y cada decisión.

Situando un asunto que podría quedar relegado a un elitista y cerrado grupo de debate académico en un terreno tan neutral y aparentemente llano como es una comunidad de vecinos, Grumberg marca unas directrices perfectamente asimiladas por la excelente traducción de Mauro Armiño. También por la escenografía de Alejandro Andújar, que permite que el juego de entradas y salidas suceda con dinamismo y adecuación. La iluminación de Albert Faura sigue en la misma línea y consigue que la transición hacia el último tramo de la obra impacte muy favorablemente a favor del espectáculo.

Flotats consigue que dramaturgia, dirección e interpretación se fundan en una sola figura que las contiene a todas. Cada palabra, gesto, mirada y paso que da están ahí porque deben estarlo. El actor consigue que todo lo aprendido (por él y por el público) personaje tras personaje se asimile y se magnifique dando una verdadera lección teatral que deja mella. De algún modo su capacidad, aptitud, inteligencia y talento se confunden con una humildad, generosidad y habilidad increíbles que hacen que permanezcamos en suspenso e interesados ilimitadamente. “Si realmente muestras autoridad al entrar, el público deja de toser y atiende”, decía Jouvet. Eso mismo, al entrar y durante toda la representación.

Finalmente, el juego no funcionaria sin la complicidad y buen trabajo de Arnau Puig que, en las manos del Flotats director, consigue que el diálogo (imprescindible en esta función) se desarrolle y se encauce hacia el éxito resultante. El último tramo de la obra, en el que Flotats se dirige al público convirtiéndolo en asistente a la conferencia que realiza su personaje, muestra una vez más la incesante vocación y capacidad de un hombre de teatro para priorizar esta disciplina como estandarte y herramienta básica del conocimiento. Tras su aparente ligereza formal y llegando a su devastador, emotivo y culminante validación de las premisas ideológicas del final, la asistencia a SERLO O NO asegura que el espectador saldrá del teatro más sabio, más experimentado. Un regalo al alcance de muy pocos que nadie como Jouvet-Flotats pueden liderar: “Se explican las cosas por un sola razón; para que las podáis sentir, para que las podáis experimentar vosotros dentro de vosotros mismos”.

Crítica realizada por Fernando Solla

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