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14.07.2017 Críticas  
Estirando a Jardiel

La Terraza al aire libre del Teatro Galileo inicia su temporada estival con un Jardiel Poncela. Cuatro corazones con freno y marcha atrás pretende refrescar las tórridas noches de la capital a base de poner en pie una comedia que debería divertir pero que se queda en la intención de hacerlo.

En verano apetecen comedias ligeras, elencos divertidos, propuestas frescas. La terraza del Galileo lleva varias temporadas con propuestas de ese tipo. No es ese un espacio para representar tragedias griegas a la luz de la luna. El ambiente distendido del lugar, con consumiciones que van y vienen permite relajarse mientras se disfruta de alguna comedia. Para este montaje el escenario se ha colocado en el centro del patio, simulando una piscina. Las mesas y sillas se han dispuesto alrededor.

La comedia de Jardiel, dirigida por Gabriel Olivares cuenta las peripecias de un cartero que en su empeño de entregar un certificado a un doctor se ve envuelto en el misterio que rodea la casa del mismo y sus habitantes. Al parecer el doctor ha descubierto el secreto de la eterna juventud. Finalmente y gracias a las casualidades de la vida tanto el cartero como los habitantes de la casa tomarán la pócima milagrosa y lograran ser eternos. Eso que parece toda una bendición se convertirá en un tedio con el pasar de los años y será fruto de las situaciones en teoría divertidas que propone el texto.

Hay frases y respuestas ingeniosas en el texto que consiguen despertar alguna sonrisa, pero el amplio elenco de toda la función, encabezado por César Camino parece estar desconectado de la misma. No ayuda la propuesta escénica que les obliga a extrañas salidas y entradas de escena. Los fallos de sonido tampoco son de gran ayuda al desarrollo, así como una innecesaria cantidad de escenas de relleno -ya sea con bailes o gags- que lo único que persiguen es alargar lo que debería quedarse en un sainete de apenas sesenta minutos. El afán de rellenar minutos para justificar un intermedio en el que el público se lance a consumir en las barras habilitadas para ello, solo consigue que parte del público en el intermedio se dirija a la puerta de salida.

Quizás eran los nervios del estreno, o que a la obra le falta rodaje y compenetración. Pero las intenciones de la propuesta no consiguieron resquebrajar el ambiente frío que se respiraba en el patio.

Ojalá que con algún recorte, y con un desarrollo más ágil este Jardiel consiga dar un buen arranque a las noches de la terraza del Galileo.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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