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14.06.2017 Críticas  
La tragicomedia del ser

Cerrando el Festival de Otoño llega este Hamlet de Kouršovas a los Teatros del Canal, para poner un broche de oro a las interesante propuestas que nos llegan desde el extranjero, en este caso, Lituania. Un Hamlet con reminiscencias estéticas del genial Pandur, con un sentido del humor que pocas veces veremos asociado a este clásico.

Actores en escena, espaldas que dan al público, y espejos que reflejan a la audiencia. La propuesta escénica de Kouršovas pone al espectador en el escenario, de forma figurada, con una presencia casi de espectro como el del difunto rey Hamlet que se manifiesta a esa guardia nocturna capitaneada por Horacio. No recuerdo haber presenciado un Hamlet que le de tanta importancia a esta primera aparición que desencadenará los sucesos que acontecen a lo largo de las tres horas de duración.

El origen del ser, dejando de lado el no ser, es el carácter que imprime el director lituano en este montaje con la compañía OKT, en esta producción estrenada en el 2008. Hamlet, el padre de Hamlet, cuyo espectro se manifiesta para clamar venganza por su inesperada muerte a manos de Claudio, ese hermano con el mismo rostro, que reflejados en un espejo son idénticos en apariencia, pero no en el fondo. Porque es este otro de los grandes temas que introduce Kouršovas, lo que aparentamos ser, y lo que no somos, girando siempre en torno al «ser, o no ser» del original inglés.

El personaje que comparte protagonismo con Hamlet, y el cual suelo usar como baremo personal para valorar si el montaje es un acierto o no, es el de Ofelia. Por el momento solo me he llegado a encontrar una Ofelia a la altura de la del texto, y es la triple Ofelia que presentó Arturo Turón hace dos años en los Teatros Luchana. Ni la Nur Al Levi del montaje (¿definitivo?) de Hamlet de Pandur, ni la de Miguel del Arco para el Teatro de La Comedia, y ni siquiera esta, logran transmitir la complejidad de esa mujer en la sombra, sobreprotegida por su padre, su hermano, el propio Hamlet; una mujer que quiere proyectar su voz, poder elegir sin ser cuestionada, y disfrutar de una libertad que se ve coartada por todos los frentes, y que la terminan abocando a tomar la decisión final.

Final que Kouršovas deja abierto, y por partida doble en el caso de Ofelia. Todas las muertes de este Hamlet son veladas, o inexistentes, o sobreentendidas, pero no definitivas y ni siquiera, importantes. Aquí lo que importa es el comienzo, el nudo, el por qué ocurre lo que ocurre lo que ocurre, unos medios que intentan explicar el fin, pero sin justificarlo. Aquí reside el valor de esta versión, que la hace única con respecto a las múltiples representaciones que cada cierto tiempo se realizan. Kouršovas consigue que su Hamlet se nos quede en la retina por su inteligente uso de la luz blanca, ejemplo de visibilidad, que no permite ocultar los defectos; de la luz roja, subrayando los acontecimientos sobrenaturales o la presencia de ese enterrador/perro sumiso sin cara que solo vemos por su nariz roja sedienta de tragedia.

Destacan del montaje los personajes de, obviamente, Hamlet; de un Horacio con gran protagonismo y fuerte carga cómica, y los geniales Rosencratz y Guilderstein, o Guilderstein y Rosencratz, convertidos por el director en dos blogueras buscando un sponsor por las carreteras, como dirían Las Bistecs, travestidos como dos fashion victims, con una fuerte carga homosexual y derribando barreras de género.

Son mil los aspectos que podría seguir comentando con respecto a este montaje, que quizás, con un simbolismo muy marcado, y ayudándose de nuevo por potentes imágenes, abren líneas de diálogo que hasta el momento, al menos yo, nunca me había planteado, y plantea que son infinitas las posibilidades de abordar un gran clásico, y muy personales las interpretaciones de la misma. Recomiendo encarecidamente acercarse a esta particular visión de Hamlet, aún con la barrera de la pereza de un montaje tan extenso en lituano con sobretítulos, pero que al menos aporta valor, genera diálogo, y lo más importante, no aburre. Vayan.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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