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26.05.2017 Críticas  
El genio de la personalidad

El Teatre Romea se convierte en el nuevo hogar de Federico García, espectáculo documental sobre el poeta que ya se pudo ver en el Grec 2015 Festival de Barcelona. Pep Tosar dirige e interpreta una función que es a la vez retrato de Lorca y documento testimonial sobre su figura y obra. Una pieza de orfebrería escénica en la que emoción y arrebato toman las riendas.

Sentimiento de pertenencia. Esto es lo que nos embarga nada más apagarse las luces de la sala. Lo primero que sorprende es encontrarnos a todos los artistas que intervienen en la función detrás de una pantalla traslúcida sobre la que se proyectarán las imágenes y grabaciones. El trabajo documentación es increíble, pero es que el tratamiento de dicho material a nivel audiovisual es realmente apabullante. Nunca su uso había estado tan bien integrado a nivel narrativo con la dramaturgia de una puesta en escena, ni a nivel formal ni de contenido.

Tosar y Agustí Torres consiguen que la imagen se vuelva traslúcida y que los distintos integrantes del elenco convivan muy felizmente con lo que sucede ante ellos. El telón-pantalla se convertirá en una ventana, a través de la cual podremos adentrarnos y compartir el universo del autor. “El público, que pase…” se dirá en un momento muy concreto. La influencia de esta pieza en la obra lorquiana, así como en Tosar, invadirá también la concepción y percepción del espectáculo que nos ocupa.

Es muy emocionante comprobar, una vez más, el talento de Tosar para transmutarse en la figura del artista evocado en sus obras. Combinando la elección de las fuentes y situándoles (muy hábilmente) en un recorrido de tren, los intérpretes presentes en escenas interpretarán (desde distintas disciplinas) piezas del o para el poeta. Sin querer desvelar más detalles de los estrictamente necesarios, celebramos cómo entre todos son capaces de unir figura y obra del granadino para ofrecer un espectáculo tan emotivo como argumentado. Una muestra muy valiosa y referencial dentro del género poco desarrollado como el del teatro documental.

Las distintas etapas artísticas y personales de Lorca se sucederán ante nosotros con un ritmo tal que parece que se hayan escrito para la ocasión, en lugar de reproducirse. Además de la dramaturgia (con Evelyn Arévalo), la dirección y el audiovisual, Tosar también interpreta el espectáculo, mayoritariamente la parte de texto, aunque no sólo. Su aproximación a los textos es tan generosa como excepcional. Su encarnación no sólo de Lorca, sino de Buñuel y otros personajes es superior. Sin caricaturizar pero abandonando la simple lectura. Una maravilla.

A la guitarra Rycardo Moreno y a la percusión David Dominguez. Su coordinación con el resto de implicados es inmediata, sonidos que se convierten en escenografía a tiempo (y espacio) real. El cante de Mariola Membrives es arrebatador, incendiario. La ductilidad y adecuación a cualquier género musical es increíble y el breve momento en que se acerca al público y recita nos rompe el alma. Igual como nos la acarician sus canciones. A su vez, el baile de José Maldonado es de una calidad, calidez y adecuación hacia la propuesta que no conoce límites. El vigor que casa con la sensibilidad. Nervio y sutilidad al mismo tiempo. Embajador de la teoría del duende. Imposible la concepción de este espectáculo sin su trabajo. Sin el suyo y sin la comunión entre todos los implicados y las disciplinas artísticas que defienden. Un triunfo de principio a fin.

Finalmente, si trazáramos una línea imaginaria que uniera todos los momentos escénicos que nos ha brindado en las últimas décadas Pep Tosar, ya sea como dramaturgo, director o intérprete, nos daríamos cuenta del valor de su figura como una de las presencias más relevantes de nuestro patrimonio teatral. Con Federico García, constatamos pues su capacidad para acercar a los espectadores un material de lujo como el que se trae entre manos. Este espectáculo no es sólo relevante como documento para la conservación de la memoria histórica sino que sitúan tanto a la obra como a la figura del autor donde debe estar. Sobre las tablas de un teatro y en los corazones de artistas y público. Compartiendo, conociendo, descubriendo (del mismo modo como trataba Lorca de hacer con su obra) cierta connotación pedagógica, perfectamente integrada con todas las disciplinas artísticas aquí reunidas.

Un trabajo más que relevante. Sin duda, necesario. Imprescindible.

Crítica realizada por Fernando Solla

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