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19.05.2017 Críticas  
Hábil comedia para dos distinguidos intérpretes

Ramon Madaula lleva a escena otro de su textos por segunda vez esta temporada. El Maldà es el espacio escogido para la representación de Ignots, que también dirige. Como autor, ha sabido componer un texto ágil que, como director, ha trabajado sabiamente con los dos intérpretes de la función hasta conseguir un resultado destacable en las dos facetas.

Joan y Lluis son amigos y compañeros de trabajo. Cada día se reúnen para comer en el mismo restaurante. Ambos están casados, en apariencia felizmente. Entre charla y conversación conoceremos su día a día. Las ganas de romper con la rutina los llevará a urdir una insólita prueba para su amistad. Esta es la excusa convertida en núcleo de la representación. A partir de aquí, la comedia está servida.

Una comedia basada en unos diálogos muy bien hallados y que goza de un planteamiento impecable sobre el que vertebrar la situación. La decisión de situar a los personajes a un lado u otro de la mesa en función de la comida dota de un ritmo vertiginoso a la propuesta. De igual modo, que uno ocupe el asiento que en la escena anterior ocupaba el otro ofrece una doble lectura. Intercambio de posición, de puntos de vista, de… De una manera sencilla y prácticamente imperceptible hay un uso muy inteligente de la redundancia narrativa.

El éxito de Ignots se redondea gracias a una dirección de actores impecable y muy por encima de cualquier media que se nos pueda ocurrir. Se suele decir que la comedia no es sino la exageración del drama y, realmente, aquí se cumple. Sin querer conceptualizar en exceso ni sofisticar desmesuradamente la propuesta, el trabajo de Josep Julien y Marc Rodríguez es, sencillamente, excelente. Imprescindible para recrear todas las situaciones planteadas.

Los dos actores se acercan a sus personajes de modos distintos, aunque siempre teniéndose en cuenta el uno al otro. Pocas veces como aquí, la coordinación en las réplicas conforma un diálogo tan fluido entre los personajes. La complicidad de los intérpretes es imprescindible y, ambos, parecen comprender esta necesidad. Las características de la obra les obliga a empezar en un punto muy determinado y el tono y el ritmo que mantienen durante toda la función es extraordinario. Marc Rodríguez utiliza un rol algo más vulnerable y crispado, enfático y enérgico, inmediato y efusivo en sus reacciones. Por contraste, Josep Julien sobresale y nos desarma con la ductilidad y dominio en reproducir la elocución de su personaje. Las palabras silenciadas, medio dichas tras dos copas de vino… Igualmente, la profundidad de su mirada, de su sonrisa, su gestualidad facial voluntariamente histriónica y efusiva terminan por construir a su personaje desde la verdad más absoluta. De nuevo, impresionante trabajo.

En apariencia, a la resolución o desenlace le puede faltar el golpe de efecto final. Pero no, no nos engañemos. No es esto lo que se busca aquí, por lo menos no gratuitamente. No en Ignots. El retrato de estos dos personajes lo llena todo. Realmente, evocaremos a todos los personajes que se nombran en la pieza gracias a la precisión en las descripciones y el trabajo por dotar a las escenas de un ritmo similar al de la conversación. El entretenimiento está servido y la inteligencia para combinar el gag con la creación de situaciones verosímiles es un gran valor añadido.

Finalmente, reiteramos el compromiso que se desprende del trabajo de Madaula. Sin demasiadas florituras innecesarias nos atrapa con unas réplicas ágiles y divertidas y un ritmo endiablado. Un actor que ha sabido transmitir a sus compañeros de profesión una precisión que, acompañada de las habilidades de ambos, consigue dos interpretaciones de altura, modelo a seguir para cualquier comedia de situación que quiera considerarse como tal.

Crítica realizada por Fernando Solla

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