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04.03.2017 Críticas  
Historias que no aparece pan en los libros de Historia

¿Cuántas miles de historias habrán quedado perdidas (y quedarán) en los anales de la Historia, de individuos, familias o colectivos de los que jamás nadie sabrá nada? Y, ¿cuántas de esas habrán sido (o serán) historias tiernas, emotivas, emocionantes, valientes o ejemplares y de las cuales nunca se hablará?

Pilar Martínez ha rescatado una de esas historias de la mano y boca de una de sus protagonistas, Manuela Ortega y nos la cuenta en primera persona, desde los ojos de esta niña de 5 años, como si de un cuento se tratase.

Manuela vive en Jaén, en condiciones realmente precarias, junto a sus hermanos. Sus padres han sido encerrados en prisión por el delito de pertenecer al Partido Comunista y haber ayudado a los «Maquis». Y los 7 hijos (6 inicialmente, porque el séptimo ha sido dado a luz en prisión, pero luego saldrá para unirse a sus hermanos) tienen que aprender a sobrevivir al hambre, al terror de una dictadura y a esa durísima vida.

La historia se centra en ellos y en cómo la madre, Josefa, junto a Aurora, a quien conoce en la cárcel y que tiene 8 hijos, unen sus fuerzas y luchan desde su encierro para darles un futuro a sus hijos fuera de la miseria y la represión.

Pilar nos cuenta estos sucesos desde el conocimiento de haber tratado directamente con la protagonista, hasta el punto de apoderarse de la historia como si fuera propia y la transmite al público con garra y una profunda emoción.

Cincuenta minutos que ella sola ha adaptado, dirigido e interpretado con la única ayuda de una vieja silla de madera, una mesita con recuerdos y las fotos reales de los verdaderos protagonistas de esta historia.

Un monólogo que desde su arranque y hasta el final te mantiene absorto, te enternece, te remueve, te noquea. Pero incluso, a pesar de lo doloroso de la historia, te arranca más de una sonrisa.

Otra de las excelentes apuestas del Àtic 22 del Tantarantana. Un trabajo sencillo, pero enorme. Un montaje humilde, pero que bien puede llevar la Martínez con orgullo porque al final, lo que nos ofrece, es puramente teatro.

Crítica realizada por Diana Limones

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