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15.02.2017 Críticas  
Afecciones que queman

El ambigú del Kamikaze Pavón se transforma por unos días en la desaparecida Casa de la Portera para albergar la despedida de uno de los espectáculos míticos de esa sala. CENIZAS O DAME UNA RAZÓN PARA NO DESINTEGRARME, con Chevi Muraday y Alberto Velasco es algo más que danza y teatro. Es la vida en desintegración.

CENIZAS ha dado tremendas alegrías a Chevi Muraday, artífice y creador de esta singular experiencia. Creado para ser representado en los espacios de La Casa de la Portera, finalmente ha sido llevado a otros espacios para llegar a un mayor número de espectadores. Ahora llega el momento de cerrar para siempre este capítulo. Para ello se han mudado al ambigú del Kamikaze Pavón, donde se recrean los espacios de la desaparecida Casa de la Portera. Se han programado solo 4 funciones a modo de despedida. Si quieren rendir homenaje a un show innovador, no duden en acercarse y desintegrarse.

CENIZAS de relaciones toxicas, de madres opresoras, de hijos traumatizados, del valor de las señoras que hacen tortillas de patatas, de limpiar tenedores que ya estaban limpios ayer, de arrancar las hojas del libro que contiene nuestra historia, de quemarlo todo, de sobreponerse al encierro, de buscar una escapatoria, de hablar con un jarrón chino.

Entrar en CENIZAS es una experiencia que requiere del espectador dejarse llevar. Sentir la música y los textos. Textos brillantes, breves pero afilados. Textos de Pablo Messiez, Guillem Clua y Alberto Velasco. Textos que sangran. Luego están esas dos bestias escénicas, de presencia arrolladora. Chevi y Alberto. Imposible no quitarles ojo. Caracterizados como madre opresora e hijo encerrado. Haciendo funambulismo entre el drama y la comedia. La dosis justa.

Dos cuerpos que se transforman en una lucha que busca la liberación, la respuesta. La tensión que llena la sala hasta el último rincón. Donde el aire se torna tóxico. El público es seducido, llevado literalmente de un espacio a otro. Como un cortejo fúnebre asistimos a la desintegración de esos personajes. ¿Qué salida nos queda? ¿Qué drástica solución? Al final quedarán las cenizas.

No puedo entrar a detallar el trabajo de Chevi y Alberto. Su compenetración y compromiso impregnan el espacio de un aura eléctrica. Sus movimientos desprenden furia y rabia. La sensación de encierro se acentúa.

Acudan a despedir un espectáculo único, bello, duro e impactante. Una maravillosa oportunidad de dejarse quemar por el talento.

Crítica realizada por Moises C. Alabau

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