novedades
 SEARCH   
 
 

22.12.2016 Críticas  
El capricho de Llàcer

La sensación que le queda a uno cuando sale del teatro tras ver MOLT SOROLL PER NO RES es la de que Àngel Llàcer se ha dado un capricho teatral y ha creado este montaje para el público, sí, pero también para él. La fiesta que se arma en esta función es digna del Ángel Llàcer que tan bien conocemos en televisión y al que le encanta la celebración, la alegría, las risas y el disfrute.

Llàcer ha cogido el ya entretenido texto de Shakespeare y lo ha transformado (junto a Marc Artigau i Queralt y con Manu Guix en la dirección musical) en una historia del Hollywood de los 50, donde el cine, los vestidos llamativos y la música estaban en auge, convirtiéndose en una época muy especial, incluso para los que no la vivieron.

La historia es harto conocida por el público en general. Una historia de amor y de honor, por un lado. Y una historia de orgullo y algo de misoginia por otro. Aunque como en todo final feliz, el amor acaba triunfando. Para llegar hasta ahí, Llàcer ha elegido un grupo de actores de comedia, junto a un buen número de grandes voces y los ha combinado con composiciones de Cole Porter adaptadas al catalán con números musicales que se intercalan en el texto y le dan aún más vida a la divertida y alegre obra.

Es cierto que se hace un tanto extraño (por no decir mucho) que se haya mantenido el lenguaje clásico y que este se haya implantado en una época que no le corresponde y eso cuesta un tanto de digerir al principio. Pero como este es un texto bien conocido, al final la costumbre vence a esa condición inicial.

El escenario del Teatre Nacional de Catalunya da mucho juego para poder realizar un montaje como el que Llàcer ha dirigido, donde cabe hasta una orquesta (big band) entera, con piano incluido, en un piso elevado. Eso, junto a los cambios de escena con diferente mobiliario y plataformas giratorias le añaden aún más festividad al resultado final.

En el aspecto técnico, la orquesta suena de maravilla. Siempre es un plus tener la música en directo en cualquier espectáculo. El vestuario a cargo de Miriam Compte y la iluminación de Albert Faura i David Bofarull acaban de darle la plasticidad al conjunto que lo convierte en un gran espectáculo.

En lo que tiene que ver con el elenco, Llàcer ha sabido elegir las voces, pero ha tenido en cuenta el importante factor cómico, y en algunos casos esto es lo que ha primado, dándole incluso toda la prioridad. Es el caso, por ejemplo, de Silvia Abril para el papel de Beatriz, quien no es cantante pero es un genio en lo que tiene que ver con comerse el escenario y en su talento innato para hacer reír. Solo tiene un número musical en solitario, y aunque existen evidentes carencias, todas se le perdonan por el gran rato que nos hace disfrutar. Definitivamente, no hay descontento alguno al respecto de su intervención.

Para el papel de Benedicto tenemos a un David Verdaguer que, sin duda alguna, brilla en cada escena. No solo destaca por su voz (que la tiene, y muy bonita, por cierto…), sino también por su humor, por su facilidad para meterse al público en el bolsillo y por demostrar que si uno se lo propone (es su primer musical), puede hacer sobre el escenario lo que uno quiera.

Pero indiscutiblemente, uno de los platos fuertes de esta adaptación son los múltiples ‘sketches’ protagonizados por Dogberry, Verges y compañía que, con gran acierto, Llàcer los ha representado evocando a los Hnos. Marx (muy apropiado para la época) y que amenizan de forma magistral la obra desde su primera aparición hasta el final. Los diálogos y el vodevil al estilo de los Marx que capitanea el fantástico Guillem Albà, junto a Víctor Gómez, Jordi Vidal y Enric Cambray, se llevan al público de calle y hacen reír continuamente, con el añadido de que han sabido conferirle personalidad propia a esos conocidos personajes.

Todo en MOLT SOROLL PER NO RES es una fiesta, desde el principio al final. A excepción de alguno de los números musicales que se queda un poco corto en comparación con el resto, en términos generales toda la obra se hace enormemente entretenida y como dice Llàcer al comenzar, a medida que van pasando los minutos, cada vez pasa el tiempo más rápido. Es una obra que va ‘in crescendo’, una gran producción del Teatre Nacional de Catalunya, que ha quedado felizmente galardonada con cuatro Premis Butaca en la edición de este 2016.

Crítica realizada por Diana Limones

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES