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17.11.2016 Críticas  
Una noche casi redonda

El Gran Teatre del Liceu ha presentado estos días sobre su escenario la conocida ópera LE NOZZE DI FIGARO, una ópera bufa en cuatro actos con libreto de Lorenzo Da Ponte y música de Wolfgang Amadeus Mozart. Una historia de amor e infidelidades llena de sobresaltos y mentiras.

LE NOZZE DI FIGARO es de esas óperas que gustan a todo el mundo. Estas óperas que hacen que, ya seas un entendido o no del género, puedas disfrutar de todos los matices que se muestran en ella. Una ópera dinámica, con una historia sencilla, que gusta a la mayoría del respetable.

LE NOZZE DI FIGARO es la segunda parte de la trilogía que escribió Pierre-Augustin de Beaumarchais, iniciada con “Il barbiere di Siviglia” y concluida con “La madre colpevole”. La trama de esta ópera bufa nos sitúa años después de la primera parte, en Sevilla, donde somos testigos del deseo que siente el Conde de Almaviva por Susanna, camarera de la Condesa y promesa de Figaro. Un amor que el joven Figaro impedirá astutamente con la complicidad de Susanna y la Condesa y que dejará en evidencia al Conde ante sus sirvientes.

LE NOZZE DI FIGARO es una verdadera comedia de enredos. Y es que este es su buen acierto. Una historia simple, en lo que a una ópera se refiere, que hace reír bajo el bigote a los asistentes cuando el Conde de Almaviva se vuelve loco tratando de buscar a Susanna mientras se justifica ante su esposa. Él tratará de evidenciar una relación extra-matrimonial de su esposa con tal de exculpar su búsqueda y dirigir la mirada de sus súbditos fuera de su persona. Todo vale para conseguir lo que quiere; yacer con Susanna antes de su boda con Fígaro.

Si he de remarcar algo sobre la ópera de Mozart, es lo que la música en sí despierta. Debo puntualizar momentos brillantes como el del duettino “Sull’aria”, en el que la Condesa de Almaviva (Anett Fritsch) dicta a Susanna (Mojca Erdmann) la invitación a una cita, dirigida a su marido -el Conde (Gyula Orendt), como trampa para exponer su infidelidad. Definirla como mágica es enmudecer su actuación. Solo la cesión de los aplausos del respetable pudieron dar paso a la siguiente escena.

Por otro lado, en lo referente a interpretaciones, he de hablar de Mojca Erdmann como Susanna. Si bien su personaje no sobresale en lo operístico, su vis cómica hace que se convierta en una excelente actriz. Algo que dista de su partenere, Kyle Ketelsen (Figaro), el cual en muchas ocasiones no alcanzaba a proyectar correctamente su voz, haciendo difícil disfrutar de sus intervenciones. Mención especial para los condes, Gyula Orendt y Anett Fritsch) quienes llevan la batuta de la obra con sus voces y su porte. El sufrimiento de la Condesa en contrapunto con la locura del Conde hizo que disfrutara exhaustivamente de una noche que no decayó en momento alguno.

Por último, y nunca menos importante, felicitar a los escenógrafos del Liceo por el gran trabajo de crear una escenografía redonda y funcional a cuatro bandas (una por acto de la ópera) que hubiéramos podido mejorar un poco haciéndola girar para evitar la caída del telón al final de cada cuadro. Una manera más vistosa de y brillante de mostrar el gran trabajo realizado.

Crítica realizada por Norman Marsà

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