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07.11.2016 Críticas  
A pesar de todo, los amigos y el amor

María Pagés acompañada de seis músicos. Por título, el de un poema de Sor Juana Inés de la Cruz que describe la vida de una mujer cuya profesión es la danza. Dos premisas que, unidas, se transforman en un espectáculo sublime que convierte la excelencia en una cualidad humana y cercana e inunda el Mercat de les Flors de magia y exaltación.

Humanidad y cercanía. Ambas facultades ejemplifican la aptitud y la actitud esencial de la artista y su espectáculo ÓYEME CON LOS OJOS. Pagés se ha encargado, además de la coreografía, de la dirección y el diseño de vestuario, lo que confiere a la función una cohesión estilística y dramatúrgica más que importante. De esta última labor se ha encargado El Arbi El Harti, que ha adaptado y seleccionado (junto a la bailaora y creadora) textos, poemas y cantes de ambos y de IBN Arabi, Fray Luis de León, Rumi, José Agustín Goytisolo, Tagore, Rubén Levaniegos y Mario Benedetti. De semejante miscelánea surge un libreto con vida propia que se divide en nueve escenas o cuadros, cada uno tanto o más sugerente que el anterior.

El diseño de vestuario se convierte, en combinación con la iluminación, en la escenografía del espectáculo. Pau Fullana acaricia la excelencia focalizando cada movimiento, cada gesto y cada extremo del cuerpo de Pagés para construir mediante la focalización una arrolladora progresión dramática a través de la composición del movimiento. La mujer que se erige, se cimienta y se levanta. La que se muestra y se entrega (a sí misma, a su arte y al resto de la sociedad) a través de cada extremidad y cada oscilación. La que delimita el espacio al ritmo de sus pasos y no en sentido contrario. La fémina que es capaz de transformar el mundo que la rodea y modificar el orden de los elementos reflejado a través de la cola y el vuelo de los vestidos, adornados con las pinturas realizadas por Sandra Calderón y por unos hermosísimos y sinceros zapatos. En este apartado Pagés se apunta un nuevo triunfo.

Y por supuesto, la coreografía. Indescriptible tanto estética como dramatúrgicamente. Por la inclusión de todas las disciplinas y todos los participantes en el espectáculo y por la adecuación de todos a un fin común. Por la agilidad y generosidad con la que la bailaora se mueve por el espacio delimitado en cada cuadro por la no menos altruista labor de Fullana. Por todo esto y mucho más, ÓYEME CON LOS OJOS resulta una propuesta arrebatadora e imprescindible. María Pagés es la elocuencia en su máxima expresión.

La banda que se une a la bailadora es, igualmente, excepcional: al cante, Ana Ramón y Juan de Mairena; al acompañamiento y las palmas, José Barrios; a la guitarra Rubén Levaniegos (también compositor); al violonchelo Sergio Menem y, al violín, David Moñiz. Los seis brillan en sus aportaciones individuales pero es precisamente cuando unen su talento e interactúan con la bailaora que la pieza adquiere resonancias extraordinarias. La labor de Albert Cortada en el diseño de sonido resulta imprescindible para que esto suceda y en sus manos la ya de por sí sobresaliente maquinaria del Mercat de les Flors exuda toda la intimidad y épica que la propuesta consigue recrear.

Finalmente, sobre el escenario sucede la revelación de María, de la mujer y de la bailaora. La liberación extática y mística a través de la danza magníficamente expresada con ese mutis final que discurre hacia el fondo del espacio escénico. Liberación compartida entre la artista y un público al que ÓYEME CON LOS OJOS posibilita la capacidad para identificar esta implosión como propia, compartiendo la reivindicación individual y genuina de Pagés exponencialmente, espectador a espectador. Un pedacito de afecto y de amor, de amistad compartida y de magia materializada. A través de la palabra y el ritmo, el cante y la melodía, el zapateado y la percusión, el humor y la ironía. El arte ético y hospitalario de María Pagés.

Crítica realizada por Fernando Solla

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