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27.10.2016 Críticas  
Lorca descafeinado

Una de las obras emblemáticas de Lorca llega a Madrid, al Fernán Gómez. Bernarda Alba es mucha Bernarda. El texto está lleno de momentos sobrecogedores, de frases lapidarias que necesitan pasión y dolor escénico. Esta versión adolece de falta de pasión.

Representar LA CASA DE BERNARDA ALBA es un reto difícil. El texto que nos dejó Federico García Lorca está en el imaginario escénico de muchos amantes del teatro, del drama, del lenguaje como arma. LA CASA DE BERNARDA ALBA, es un retrato tan lleno de matices y de silencios, que su representación es casi un acto sacramental. Se esperan frases y sentencias con expectación. Es un ejercicio de funambulismo sin red poner esa casa en luto a funcionar. Se corren riesgos, se agradecen las intenciones, pero no se puede hacer esta casa con red, hay que hacerla lanzándose al vacío.

Factory Producciones de Aragón, produce este montaje. Santiago Meléndez dirige un elenco de mujeres dispuestas, que se ponen en la piel de esas míticas mujeres que creo Lorca. Se ha optado por una escenografía desnuda. Un escenario con solo unas sillas, y un fondo que cambia de tonalidad. Contraluces y sombras para los cambios de escena. Elegantes figuras en un escenario en silencio. De fondo sonidos que nos recuerdan a la aldea, murmullos, y sonidos que complementan la escena.

No es necesario contar aquí la tragedia que cuenta la magistral historia. La obra de Lorca pretende que nos ahoguen los muros de la casa. Que sintamos la desazón de Angustias, la envidia de Martirio, la juventud y pasión de Adela. Y luego está Bernarda, aferrada a sus creencias, a sus costumbres. Poncia, la fiel criada, que es los ojos de Bernarda, no hay muros para Poncia.

El empeño de las actrices es desigual, el texto requiere una intensidad continua y a mi parecer había cierta desconexión entre ellas; como si en los cambios de escena se fueran de la historia. Es un reparto amplio y aunque los movimientos escénicos eran fluidos, quizá la desnudez del escenario y la amplitud del mismo juega un poco en contra de ellas. Pocas veces se sitúan las escenas en la parte delantera del mismo. Hay mucha colocación al fondo, como una distancia que nos impide conectar con la historia. En la resolución de algunas escenas se echa en falta fuerza, desgarro. Hay contención cuando debería haber catarsis. Ese silencio del final, debería ser ruidoso y se queda en un mutis regular.

Ahora bien, Lorca nos dejó un texto tan redondo, que la belleza del mismo merece la pena ir a escucharlo. LA CASA DE BERNARDA ALBA es teatro necesario. De esas obras imprescindibles. Aunque esta versión nos resulte algo descafeinada, el sabor es agradable. El esfuerzo es digno.

Crítica realizada por Moises C. Alabau

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