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05.10.2016 Críticas  
No se puede explicar. Se tiene que ‘oler’

ENTRE JAZMINES Y ROSAS no se puede explicar. Hay que ‘olerlo’. Con las flores, no es suficiente contemplarlas. Hay que acercártelas. Y olerlas. Eso, si quieres empaparte de lo que una flor es. Pues de igual manera, este es un espectáculo que, al igual que los jazmines y las rosas, pretende que te acerques, y que los huelas.

La función arranca con una canción. Una canción que regresa a la infancia y que nos transporta a la vida adulta, sin olvidar de donde venimos. Con esa canción, escrita e interpretada por su autor, el músico Diego Paqué, se inspira el artista David Pozón para empezar un dibujo sobre papel en el suelo, que contiene formas y colores acordes a ese tema y que irá modificando y completando acorde al resto de temas que Paqué va cantando a lo largo del espectáculo.

Paralelamente a la música y la pintura, se proyectan vídeos de paisajes, de personas, muy luminosas o más oscuras, que en ocasiones son un telón de fondo a lo que está pasando en escena y en ocasiones son las protagonistas de lo que ocurre. Intercalados, también se relatan textos (escritos por la hermana del autor, Leonor Paqué), se juega con la luz, suena un violín conjugado con la guitarra española de Diego y se ponen bases a muchas de sus canciones que aunque principalmente huelen a flamenco pero que en cada tema rozan suavemente, como pétalos aterciopelados, diversos estilos como puedan ser el pop, el hip hop o la electrónica.

Este proyecto híbrido, a caballo entre un concierto, una exposición, los audiovisuales y los textos, decíamos al principio que habla de la infancia. Pero también habla de la mujer. La mujer de ahora, sin olvidar a la mujer de antaño. La mujer trabajadora. Nos habla de amar por amar. Y de llegar a ser lo que uno quiere ser y no lo que otros esperan de nosotros.

ENTRE JAZMINES Y ROSAS es una amalgama de disciplinas que ante todo es genuina, diferente a lo que uno pueda estar acostumbrado. Y, además, es de una elevada intensidad. Un espectáculo hipnótico de principio a fin, donde tienes que agudizar la vista y el oído al cien por cien. Esto no se hace difícil, teniendo en cuenta que el espectáculo se desarrolla a un metro de ti, intencionadamente, para que el público, repetimos, se empape de los artistas y de su mundo interior. Y además, la forma en que Paqué escribe e interpreta sus temas, seas fan o no del flamenco, te enamora desde el primer momento. La fuerza que desprende, su sinceridad en escena y el color de su voz es para dejarte con la boca abierta.

ENTRE JAZMINES Y ROSAS es un sueño transformado en una historia que uno tiene que ‘oler’. Para ello, lleven sus fosas nasales preparadas, y sobretodo bien abiertas, al Àtic 22 de El Tantarantana de Barcelona y déjense empapar de lo que estos artistas multidisciplinares les quieren enseñar.

Crítica realizada por Diana Limones

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